domingo, 23 de febrero de 2014

Cientoveintitres.

Hoy, estoy de reflexiones. Reflexiones sobre el cuerpo, sobre el físico que nos sostiene.
Al fin y al cabo, también somos los cuerpos en los que portamos nuestras almas, sentimientos, emociones, pensamientos, ideas, y por supuesto actos.

Hoy me he dado cuenta de lo feliz que me hace verme bonita en un espejo.
Verme bonita más allá de no cumplir con los típicos estándares, más allá de tener estrías en el pecho, de tener puntos negros en la nariz, de no llevar nada de maquillaje, o de tener un pelo terrible que se enreda siempre en cero coma.

¡Qué feliz me hace verme bonita y dejar de pensar en los kilos que se supone que me sobran!

Parece tan evidente, "haz lo que quieras", si quieres ponerte faldas cortas, póntelas, si quieres llevar escote, hazlo. Pero sin embargo, hay algo que nos para. Por ejemplo, (y ya que hoy hablo tan directamente de mi pongo un ejemplo mío;) me encantan los pantalones cortos. Sí, me parecen cómodos, bonitos, agradables, ..., y sin embargo no me pongo nunca pantalones cortos, porque tengo los muslos y el culo gordo. O éso me han dicho siempre. Y no, no hablo de la gente en general, hablo de mi propia familia. Sí, una va a comprar con su madre y con su abuela, encuentra ropa que le gusta, y le dicen "no compres cosas con tantos colores" "las rayas te hacen gorda" o "el negro estiliza". (No quiero atacar a mi madre ni a mi abuela, obviamente, pero es algo que me pasa constantemente). Y, sinceramente, me parece horrible, porque con muchas de las cosas descartadas por ellas, yo me veía bonita.
No soy idiota, no me autoengaño, sé cuando algo me queda mal, pero también sé cuando me veo linda y me gustaría poder disfrutarme con minifalda igual que me disfruto en pijama.

Y como hacen las familias hace la televisión, la sociedad en general, que te educa para tener un cuerpo altamente sexual pero luego te condena a no usarlo.

Hoy por hoy, la mayor parte de mujeres tienen algo que reprocharse, o los michelines del vientre, o el pequeño tamaño de sus pechos, o los labios grandes de su coño, o las arrugas de su cara... y digo yo, ¿por qué nos cuesta tanto dejar de sentirnos mal con nosotras mismas? ¿Por qué de 365 días nos sentimos bonitas sólo 60, o así? ¿Por qué nos cuesta tanto sonreirnos en el espejo, o bailar desnudas frente a él y pensar, "si me vieran, más de uno se me enamoraba"? ¿Por qué dejamos de bailar si baila a nuestro lado una chica más delgada y que se mueve mejor?

Cómo no, los dualismos nos pueblan, todas sabemos que tenemos que querernos como somos, que tenemos razones para hacerlo. ¡Coño, somos bonitas tal como somos! Pero aún así la mayor parte del tiempo nos cuesta la vida hacerlo.

Hoy me acuerdo de una chica estadounidense que subió a internet una foto suya en sujetador, con todos los kilos que dicen que le sobraban, y escribió una nota diciendo que su cuerpo era de ella y que a quien no le guste, que no mire.
¿Cuántas seríamos capaces ahora mismo de hacer lo mismo que hizo ella?

Hoy, lo único que me apetece es mirarme en el espejo y disfrutar de lo mucho que me atraigo, de lo mucho que me estoy queriendo, porque por desgracia, sé que mañana ya no sentiré lo mismo.





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