viernes, 21 de febrero de 2014

Cientoveintidos.



Que fea frase, ¿no?
No me convence, y sin embargo, qué razón tiene.
Todos perdemos por amor.
Todos vivimos por amor,
y al final perder en la vida es morir.
Hay algo que no me gusta para nada,
¿qué tiene de malo perder el tiempo?

Soy de ésas creyentes de que, aunque nos vendan lo contrario, tenemos mucho tiempo en la vida para hacer todo lo que deseamos y también lo que no. Siempre hay tiempo para experimentar, para sonreír, para llorar.
A veces uno piensa en la lista de cosas por hacer y dice "no llego ni de coña", pero, seamos realistas, sí que llegamos, llegamos si no nos dejamos llevar por lo que siempre nos susurrará la sociedad y lo preestablecido.
Da tiempo a hacer lo que queremos, da tiempo a viajar, a estudiar, a conocer, a follar, a amar, a tener hijos, a ver paisajes, a mirar la luna llena... da tiempo.
Al fin  y al cabo vivimos una media de ochenta años, bueno, quizás unos pocos menos.
Pero pensándolo bien son 365 días por año.
No llegamos cuando nos ponemos a hacer lo que nos mandan.
No llegamos cuando tenemos fechas marcadas.
Exámenes, citas, tiempos de entrega... Pero, si acomodamos nuestras necesidades al tiempo y a la vida da tiempo a todo.

Por éso yo hoy propongo adaptar nuestras necesidades al tiempo. Que si necesitamos dormir toda la tarde no nos sintamos culpables y no pensemos "he perdido la tarde, podría haber hecho tantas cosas..." Que si necesitamos salir a emborracharnos un martes, lo hagamos, ¿por qué no? ... Que si necesitamos saltarnos mil clases, o simplemente preferimos pasar una mañana al sol antes que entre cuatro paredes, lo hagamos.
Yo propongo hacer el tiempo nuestro, fuera de estándares.
Y si uno estudia con 22 en vez de con 19, bienvenido sea.
Y si una es madre con 17, pues que lo disfrute.

"La edad física no es la mental".
Y el tiempo, digan lo que digan, no está preestablecido.
Puede que nos quede poco, pero también puede quedarnos mucho.
Estresarse es cosa de hombres tontos y modernos, volvamos al taparrabos y a las selvas, los árboles nos quieren más y mejor que cualquier rejoj.

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