sábado, 1 de febrero de 2014
Cientouno. (que no salgo de los números)
Cuando un cuerpo encuentra otro cuerpo cuando viene entre el centeno, así, pura energía que insinúa total indiferencia posterior y pura complicidad en el momento en el que dos buscan una misma cosa, fogueando el aire, caldeando el cielo, abrasando el suelo, ardiendo el centeno con absoluta euforia apasionada cuando una lengua toca algo intocable o unos dedos recorren infinitas curvas de una pura carretera al infierno que te acerca suspiro tras suspiro al paraíso, cuando sueltas una carcajada ante los ángeles, “no todos los vírgenes son ángeles, ni todos los ángeles son vírgenes”. Y cual culebra te escondes en cuevas ardientes de puro hermetismo amoroso, puro calor incomprensible y casi metafísico, ardiente y placentero (que me manden al infierno). Cuando cada nervio de tu cuerpo chirría de placer y tu piel de gallina pide más y más y tu cerebro exhausto …
y tus músculos agarrotados la encarcelan pegada a ti mientras sus piernas se cierran sobre tu cuerpo como unas esposas suaves pero firmes que en pura tensión te arrancan una libertad que ya no quieres.
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