A veces leer el pasado trae mala suerte. O malos recuerdos, que no sé que es peor.
Es curioso como, de golpe y porrazo, pueden cambiar las emociones.
Y sin embargo surge el concepto curioso de ser uno mismo sólo con quien se quiere serlo.
Uno siente con quien quiere ser uno mismo. (O eso parece)
Uno siente si el otro lo está siendo también. (O eso espero)
Aveces sentimos tantas cosas a la vez que nos devastamos por dentro.
Es como tener el desierto del Gobi entre los pulmones y las costillas.
Como en La espuma de los días, que a ella le crece un nenúfar en el pecho.
Supongo que debe ser que a cada uno se nos inunda la anatomía con un tipo diferente de objeto que nos consume por dentro.
Al fin y al cabo la mente es tan potente que hace que nuestros cuerpos reflejen lo que piensa.
Qué potente, y qué estúpida la mente.
Tanta razón, tanta filosofía, ¿para qué? Si luego nunca se la consigue convencer de nada.
Puedes estar segura de algo. Puedes decidir poner la mano en el fuego o dejarte llevar.
Seguro que la mente te dice que haces mal, y se agarra a todas las pruebas lógicas y principalmente verídicas que tiene alrededor.
La mente tonta, llena de sociedad, de personas.
Tanta razón... ¿para qué?
Ay, que nos lleva el calor del desierto. (Y sus noches congeladas)
Que se nos hielan los pies (y no nos dejan pensar.)
¡Coño! ¡Que se nos hielen!
Que se nos hielen los pies y el cerebro, y nos dejen sentir tranquilos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario