lunes, 27 de octubre de 2014

Cientocincuentaicuatro.



Ayer me ganó el miedo,
Hace meses me ganaste tú,
Hoy, hoy escribo para dejarlo ir,
al miedo,
a ti,
al miedo a reencontrarme
contigo.




Hoy escribo, como tantas otras veces para ti,
y para todas esas mujeres que sentimos que nos duele tu ausencia
más allá de nuestro imaginario feminista,
libre,
amable y sin ataduras.
De repente, sigues estando ahí.
Más fuerte que mis ganas de ir al museo de al lado,
más fuerte que mis ganas es mi miedo a encontrarte.
Peor que caer a las vías del metro,
peor sería encontrar tu mirada en el andén de enfrente.

Jode, pero de repente, me doy cuenta de que duele pensar que antes de irte para siempre no empleaste ni un simple adiós, ni una nota, ..., nada.
¿Por qué? Porque puedes.
Así de simple y jodido.
La política no me ha dado sólo a personas que me abrazan,
que me apoyan,
que me sonríen cada día y que comen a mi lado.
La política me ha dado todas las respuestas que tu me negaste durante meses.
No quiero tenerte rencor, pero tampoco puedo evitarlo.
No quiero pensar en ti, pero de repente apareces como una oleada de frío y me hielas la sangre inhibiendo la adrenalina que me dan el pañuelo y la capucha, o el calorcito que me aporta escuchar a la gente de mi alrededor hablar en lenguaje inclusivo.

No voy a mentirme. Soy feliz, mucho.
Pero de repente, me dueles, otra vez, y quisiera matarte por ello. Así de simple.

He cambiado,
ahora tengo flequillo, y me he rapado los lados de la cabeza.
Lo odiarías, pero eso solo hace que me guste más.
Ya no llevo las gafas lilas,
ahora directamente me pinto la cara de morado.
Me pinto el cuerpo de morado.
Y sangro morado cada vez que dedico un segundo a escribir sobre/para ti.

Somos mas fuertes que eso.
Hemos creado hermandad y sé que podemos con gente como tu.
Aunque llevéis historia de ventaja, ésta vez no ganaréis.
(No más.)

Las entrañas gritan,
sin paciencia,
histéricas ya.

La voz no se nos quiebra,
porque ahora nos tenemos unas a las otras para cuidarnos con miel y caricias.

He cambiado el terciopelo de tus palabras vacías por el suave viento que agita el pelo de mis hermanas, que acaricia sus pieles de roble,...
He cambiado los castillos en el aire por la tierra que protege las raíces de nuestra historia, escondida, empapada, agotada, pero fuerte, asentada, y lo suficientemente firme como para soportar una y mil tormentas más.

He crecido en el momento en que he comprendido que soy aire,
que soy tierra,
que soy agua,
soy fuego.

Un poco de vientos lejanos,
(de eso que llaman recuerdos)
no apaga un incendio interior como el que vivo,
como el que siento ya cada día...

No volveré a pensar que me faltas.
No volveré a querer mucho, "porque cuando quiero mucho quiero mal".

El amor es algo más que planear un futuro en una tarde de domingo.
El amor es algo más que escuchar la misma música.



"Roma, al revés, es política."

Somos fuertes.

"Somos muchas, somos tantas, somos cada vez más."

sábado, 13 de septiembre de 2014

Cientocincuentaitres.

El día que entendáis.

El día que entendáis que ya no nos calláis más.
El día que dejéis de negarnos.
El día que aceptéis que nacimos de vuestras ruinas.
El día que entendáis que vinimos para no irnos más.

El día que abráis los ojos,
el día en el que dejéis de pedirnos explicaciones,
el día en que nos miréis a la cara, y no por encima de vuestros sucios hombros.

El día que abráis los oídos entenderéis
que crearemos nuestra propia banda sonora
que cantaremos nuestras propias melodías
que gritaremos siempre nuestras letras.

El día que recordéis la existencia de vuestro sentido del tacto,
quizás,
ese día quizás sintáis por qué nuestros abrazos nos llenan de vida,
por qué no podéis destruirnos con vuestras hirientes palabras,
por qué encontramos en nuestras compañeras la cura a vuestra cruda realidad.

El día que recuperéis el olfato,
el día que descubráis las flores que no pudisteis matar,
el día que entendáis a qué huele la libertad.

El día que completéis vuestra mente,
el día que olvidéis el tiempo,
el día que dejéis de planchar,
de obedecer,
de callar,
...


El día que entendáis que son más fuertes nuestros sueños que vuestras costumbres,
el día que miréis el arte como a la emoción, y no como una inversión,
el día que perderos en el campo signifique encontrarse con al vida, y no huir de ella,

el día que fuméis flores,
el día que os afeitéis el bigote,
el día que leáis algo que no sea un best seller,
el día en que miréis a las mujeres, niñxs y animales como iguales,
el día que os olvidéis de competir....

El día que descubráis que vuestra rutina no arruinará nuestras vidas.




viernes, 11 de julio de 2014

Cientocincuentaidos.

Hola mis niñxs , esta es para vosotrxs;

Sabéis quien es Extremoduro, porque os lo he puesto como mil veces. Sabéis quien es tita Inma, porque nadie os quiere como ella.

Hoy, a sus 19 años, vuestra madre ha vivido uno de los mejores momentos de su vida, y no ha podido evitar pensar en vosotrxs.

Extremoduro, con luna llena y en directo, y con la gran Inma Venegas del Castillo..., simplemente ha sido mágico.

No solo he pensado en vosotrxs, no he podido evitar acordarme de personas a las que quiero con el alma, aunque ya no estén a mi lado.
Sé que nadie le escribe a sus hijxs a los 19 años, pero yo ya os siento, y necesitaba contaros esto.

No lo sois aun, evidentemente, pero algún día  seréis mi vida y se que os querré contar lo vivido esta noche.

Para mi, hoy ha empezado mi verano. 2014, que año mas bonito.
Este invierno he vuelto a abrazar,  con el cuerpo y con el alma, a nuestra familia. Este año he conocido al amor de mi vida, aunque nunca cuajó del todo, aunque ahora me odie, se que os hablaré de él, porque a pesar de todo lo malo es una persona maravillosa. Este año conocí a vuestra tía Inma, a quien espero no dejar escapar nunca mas.
Y ahora empieza lo bueno.
No os dejéis decaer mis amores, la juventud es hermosa. Recordadme, si lo olvido, que tenéis que vivirla de lleno para crearos como seres humanos que sois.

Hoy he sentido que empieza mi verano, viendo a uno de mis grupos favoritos dándolo todo a sus cincuentaitantos añazos, con la luna llena iluminando un cielo despejado, y con una gran mujer a mi lado.
Energía, mis amores, solo eso.

He conocido a una mujer que me ha quitado el aliento, y no he podido mas que recordar un consejo que leí esta mañana "no pidas amor, solo ama". Amad con toda vuestra alma, a veces duele, pero eso es lo que nos hace realmente humanos.

A vuestra madre, que al menos de momento no la gusta mucho que la toquen, le ha hecho feliz darle la mano a una desconocida que ha aparecido a robarle el corazón cuando pensaba en ese amor tan profundo que nunca llegará a nada, y en esa persona en la que no debería pensar.

No lo olvidéis nunca, amad, amad como vellacos, como animales, como niños y niñas que sois, eso os hará inmensxs.

La energía que os darán ciertos momentos no se reemplaza por nada.

Llenaros de musica y de libros, en vivo y en directo.

Bailad.

No crezcáis nunca del todo, no merece la pena.

Amad, aunque sea a unx desconocidx durante unos minutos.

Viajad, eso os dará conocimiento, y el saber os hará libres.

Y recordad siempre que una bruja pelirroja (aunque de bote) os recuerda en sus momentos de éxtasis, y os espera desde los 19.
Sois personas grandes, y ganaréis la vida a lo normal.

"Ama, ama y ensancha el alma".

Os quiero.

jueves, 10 de julio de 2014

Cientocincuentaiuno.

Hay veces que olvido todo lo anterior,
y me da miedo.
Es de esas veces que me siento un poco,
un poco vacía, un poco asustada, un poco feliz.

Un poco.

Esas veces suelo olvidar los enfados
(y esas veces te echo de menos, para que engañar(-me-nos))

Noches largas, de ni frío ni calor.
Sudor en la espalda hielo en los pies.

Si, soy de esas personas que para hacer el amor se deja calcetines.

Recordarme a mi misma que no debo echar(te) de menos me hace gracia,
al menos estas noches de olvido me hacen reír.

No funciona del todo, porque hilo,
hilo mucho y mal y pienso que es como si tu me hicieras reír.

Tranquila, eso nunca pasara, no de nuevo.

Soy feliz, eso es bueno.
Y aunque tengo ganas de andar por las calles de Madrid,
aunque sea maldiciendo el despertador o mi lentitud y llegando tarde a clase,
hoy soy feliz.

Soy feliz en Huelva, soy feliz con ella,
pero siempre su sonrisa me recordará a la tuya , y eso me hará intentar no echar(te) de menos, y por ende, me reiré.

Ella, en fin, es otro capitulo.
Seguiremos mañana.
Buenas noches.

sábado, 5 de julio de 2014

Cientocincuenta.

Llevo unos días sintiendo frío cuando entro en la cama.
Es Julio y vivo en Extremadura, pero uso pantalón largo y camiseta de invierno como pijama.

Los calcetines gordos son otro tema, no puedo prescindir de ellos ni de día.

Por las noches me arropo con mi edredón y dejo a los perros subir a la cama, se supone que los seres vivos dan calor.
Pero son las cuatro y media de la mañana y sigo teniendo frío.

No lo entiendo.

No se bien que me pasa. Bueno, si lo se, pero no quiero pensarlo. No me gusta sentir que me han ganado. No me gusta sentir que se burlan de mi y no puedo hacer nada para evitarlo.

Es como fue entonces, pero peor. Ahora no es en los pasillos del instituto, ahora es en el salón de un piso, en internet, en mi cabeza, en todas partes.
Ahora no es gente a la que odio.
Ahora no es solo por las mañanas.

Ahora no son insultos, ahora es silencio.

Es como fue entonces, pero peor.

Pero no me pasa eso porque no quiero pensarlo. Siento que me gana cada vez que me dejo ir y lloro.
Siento rabia.
Siento dolor.

Tengo ganas de hablar pero ante mi solo hay una pared contra la que me choco una y otra y otra y otra y otra vez, simplemente no puedo parar de intentarlo.
Soy como una mosca ante un ventanal enorme.

"Me da miedo la enormidad donde nadie oye mi voz."

domingo, 29 de junio de 2014

Cientocuarentainueve.

Creer o no creer, a veces ésa es la cuestión.

Lo peor para una persona orgullosa, creer en alguien equivocado.
Lo mejor para la misma, darse cuenta de que la fe huele a mucho más que incienso rancio de iglesia románica.

Creer.

Creo en la Revolución, en todas sus formas.
En la Revolución en mi, en el campo, en la ciudad, en cada obra de arte que admiro, cada canción que canto, cada ritmo que bailo, cada vez que palpito…,creo que vivir es revolucionar, creo en no caer en la trampa de la supervivencia.

Sobrevivir me suena a cemento.
Sobrevivir me suena a máquinas. Y las máquinas son muerte. (Porque soy una comeflores)

Creo en la mano que te levanta cuando te caes, 
creo, de hecho, más en ésa mano que en la que te empuja hacia el abismo.
Creo que las personas destructivas se intentan convencer a sí mismas de que lo consiguen,
creo que olvidan que tenemos alas.

Creo que olvidan que somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar.

Creo en las muestras de cariño espontáneas que nos enseñan a las escépticas como yo que el contacto físico puede ser agradable.
Creo en los abrazos que no doy.
Creo en el sol, pero siempre con la luna. (Por separado no funcionan)

Creo en mis ciclos. Creo en mi cuerpo. Creo en mis ideas. Creo en mi útero, así como  en el de todas las mujeres. Creo en mi libertad y en mi resistencia, así como en la de todas las personas.


Creo en mi, y, sobretodo, en las personas a las que amo con toda mi alma. (Aunque siempre un poco menos que a los perros).


No soy la mitad de nada, y éso no lo creo, de éso estoy segura.



miércoles, 4 de junio de 2014

Cientocuarentaiocho.

Número par,
que manera más bonita de despedirme,
entre casualidades, no podía ser de otra manera.

Esta es la última vez que te escribo,
a ti, a la margarita, y a mi misma,
por suerte he aprendido a cambiar a tiempo.

Nunca te perdonaré que fueras lo más bonito.
Nunca me perdonaré haber confiado en ti.

Dejate atrapar si quieres,
por fin es solo cosa tuya, como tu querías.

No vuelvas a hacerles daño,
aunque creo que ya no puedes.

No vuelvas. Ésta vez, si puedes, no te quedes.
No imagines.
No funciona.

Y no te engañes, los lobos viven en manada.


jueves, 29 de mayo de 2014

Cientocuarentaisiete.

Con hoy hacen tres días que pienso en mi hija.
Sí, en mi futura hija.

Amelia, para lxs que no la conzcaís ya.

Sé que cuando la tenga en mis brazos necesitaré transmitirle mucha, mucha, mucha fuerza. Necesitaré enseñarla a luchar, porque ser mujer en este mundo es nacer valiente, nacer luchadora. Si no se lucha, no se vive, y eso es así.

Me revienta ver como en los últimos días he oído, leído y visto sufrir a mujeres que son mis pilares.

Sé que algún día le contaré a Amelia una historia que me contaron a mi hace dos tardes. Le contaré como mi profesora de inglés, el primer viaje que hizo a Inglaterra, se quedó con una familia de acogida de estudiantes que resultaron ser unos punkys “de los de cresta y todo”. No sólo le contaré la historia porque es curiosa y arranca una sonrisa. Se la contaré para describirle los ojos brillantes de una de las mujeres más valientes del pueblo en el que he vivido mi infancia y mi adolescencia. Una mujer que no renunció a su manera de ser a pesar de las lanzas de la ignorancia, que la señalaron siempre.
Ésa es su lucha, y yo quiero transmitírsela. La lucha de una de mis mejores profesoras. Y también su pasión por el inglés, pues aunque por desgracia yo no conozco tantas cosas como ella de la cultura anglosajona, sé que de ella aprenderé la mayor parte de lo que nunca llegaré a saber, y porque quiero que mi hija hable y disfrute del Inglés como lo hago yo.

Sé que le contaré también cómo conocí a una de mis mejores amigas, de mis más grandes apoyos. A una chica que a pesar de todos los sentimientos enfrentados que se le venían al abrir los ojos nunca dejó de aprender y de avanzar, de darse cuenta, de notar esos matices que los que ejercen el poder no quieren que notemos. Le describiré cada paso de la lucha de ésta mujer a la que tanto amo, la que hizo sin mi y me contó, la que me ayudó a hacer, y la que hicimos juntas.
Juntas, ésa es la palabra que nos define. Juntas.

Y le hablaré por supuesto de la mujer más impulsiva que he conocido y que conoceré. De ésa mujer que te dice las cosas que haces mal, y que también sabe decir que te quiere.  De ésa mujer que decidió luchar también, cada día, contra el estilo establecido, contra sus padres, contra su derredor, contra éste pueblo estúpido que nos oprime y que intenta meternos en sujetadores push-up y baños de maquillaje. Y ella dijo “¡que no!” y aquí estamos todavía, devolviendo miradas agresivas a viejos que gritan por la calle, a chulitos que hacen el caballito con la bici, a personas que no nos merecen. Siempre con ella, pues sin ella a mi este pueblo se me habría comido.

Son grandes, pero sé que a veces hace falta que alguien nos recuerde esto.
Chicas, “somos muchas, somos tantas, somos, somos cada vez más, aullándole a la luna.”
Porque nadie va a dejaros abajo, porque nadie merece vuestra tristeza. Sois fuertes, sois tigresas, lobas, leonas, y no estáis solas.

Sobre todo quiero que recordéis, que por muy jodida que pinte la cosa, por muy negra que venga la noche, por muy fuerte que pegue el sol, no estáis solas.

Somos lobas, y somos manada.






(Y sí, enseñar mi barrigota es mi manera de decir hoy: ¡que les den a sus reglas, a sus estereotipos, que les den a sus mentes estrechas, a tomar por culo todo lo que esperan, se acabó! )



martes, 20 de mayo de 2014

Cientocuarentaiseis.

Una vez más me remuevo entre libros,
mis libros, con su polvo, su sonrisa,
ellos como siempre que me dicen :" aún no nos hemos olvidado de ti".

A veces me siento en deuda con sus letras.

Técnicos y complicados,
ágiles y dulces,
historias repetitivas
o historias completamente novedosas...
Ahí están, y me acompañan

De nuevo, Peter Pan bajó de mi mente,
lleva un par de días sonriendo,
creo que vuelve a no sentirse solo.

Llamo cada noche,
(cada día,)
a mi Mujer Salvaje.
Mis lecturas y la meditación me ayudan a encontrarla,
le encanta tumbarse sobre los árboles del bosque...

Me gusta porque no tiene miedo a caerse.
Es como los pájaros, confía en sus alas.

Me gusta porque aunque es libre está ahí,
no cuando ella quiere,
sino cuando yo la necesito.

Mi Mujer Salvaje nos cuenta cuentos a Peter y a mi cada noche,
de nuevo,
desde hace tres días.

La margarita me mintió,
pero me enseñó un gran valor:
Ninguna vida vale más que algo mediocre, repetitivo, estandarizado...
Ninguna. Ni si quiera la suya.

lunes, 12 de mayo de 2014

Cientocuarentaicinco.

A veces me siento a esperar,
pero no estoy segura de a qué.
A veces me siento a esperarte,
sí, soy así de tonta.

A veces pienso en cómo debe de sentirse volar,
rodeada de aire y nada más,
aunque daría cualquier posibilidad de vuelo porque le salgan las plumas a "pi".

No le pongo nombre porque me da miedo perderle.
(Aunque ya tiene un nombre en mi mente)

Hago eso más a menudo de lo que creía,
no ponerle nombre a lo que me rodea.

Si despojo a los seres de su nombre
cuando se vayan,
si se van,
no dolerá tanto,
será como si nunca hubiera estado.

Se me da bien poner nombres alternativos,
y si en mi mente se llama Búho en mi boca se llame Pi,
(o lobo, o sol, o tigresa).
Se me da bien esconder cosas.

Nunca encontrarás lo que no quiera que encuentres.
Nunca te habré querido.
Nunca habré luchado.
Nunca habré sufrido.

Sí, se me da bien esconder cosas,
y es el momento de cerrar los cajones.



domingo, 4 de mayo de 2014

Cientocuarentaicuatro.

Imagíname feliz, así será como un cuento...

He inventado un nuevo término para los días que no estás,
o para los días que yo estoy demasiado,
el término es feo, no soy muy buena creando palabras
fanmmembersy, de fantasy y remmember.

Ya ves que no me quito el inglés ni para ésto.

Echo de menos Berlín,
y también echo de menos Londres.
Creo que son ciudades que relaciono con una independencia total,
y creo que últimamente me cuesta un poco conseguirla.
Por más que leo sobre ello,
me estoy convirtiendo en una Matilda del amor y el respeto,
estoy empezando a confundir ficción y realidad.

Fanmmembersy es los días que no estás,
o los días que yo estoy demasiado,
y me consuelo imaginando que duermes a mi lado.
Sí, yo que odio compartir mi espacio vital nocturno
te imagino a  mi lado.

Es bastante cómodo porque puedo moverme a mis anchas,
como los días normales,
no hay ningún cuerpo real que me impida hacerlo.
Y sin embargo te siento en cada movimiento.
Me sorprendo intentando no molestarte,
no despertarte de un eterno sueño.

Tengo una imaginación bastante poderosa,
a base de recuerdos de cosas vividas y de mi fantasía inacabable
soy capaz de sentirte a mi lado,
tu peso sobre el colchón,
tu respiración ,
tu media sonrisa de las mañanas.

Es cómodo que sea sólo en mi cabeza, porque haces precisamente lo que quiero,
aunque es un poco raro,
es muy poco tú,
es demasiado yo,...
y por éso nos imagino discutiendo.

Nos imagino discutiendo por las tonterías más simples,
o por las ideas más concretas e importantes.

Te imagino discutiendo, sonriendo, durmiendo, cantando, gritando, enfadado o contento, te imagino harto de mis tonterías, te imagino de los nervios, te imagino tranquilo, te imagino leyendo, escribiendo, o viendo una película... pero hay algo que no varía,
siempre,
siempre te imagino a mi lado.



lunes, 28 de abril de 2014

Cientocuarentaidos.

Bonito.
(Todo me parece bonito.)
Como el sol.
Como el cielo azul.
Como mis perros, dios, mis preciosas criaturas.
Como Andrés Suárez susurrándome al oído, aunque sea a través de unos cascos.
Qué bonito es que no me den ganas de saltar por la ventana a pesar de tus letras querido Andrés.

Bonito como levantarse con un mensaje de un poeta.
Bonito que ese poeta sea amigo, compañero, bonito saber que está ahí, al alcance de la mano (con o sin kilómetros de por medio).

Bonito que en ésta estéril clínica pueda por fin disfrutar de las fotos que decoran las paredes.
Bonito que una pareja salga riendo de la consulta y acariciando una tripita.
Aunque las apariencias pueden engañar, por cosas como éstas hay gente que merece la oportunidad de ser madre (y padre, claro).

Bonito sentirse bella,
con el pelo loco enredado,
con ojeras,
con trabajos de instituto a medio hacer,
con la ropa de siempre.
Bonito sonreirle al espejo.
Bonito soñar con el mar de Galicia,
o quizás con el de Asturias,
y por supuesto con el mar de Euskadi.

Bonito tener alicientes.
Bonito tener planes.
Bonito tener vida,
y bonito tener sueños.

martes, 15 de abril de 2014

Cientocuarentaiuno.

La necesidad del saber.

En éste mundo de la información,
en éste mundo de desinformados,
en éste mundo de incontables letras que valen, como poco, un millón de imágenes,
en éste mundo estás tú.
Y está la niebla.
y luego, quizás, estoy yo en algún rincón.

Y así no se puede,
no, no se puede seguir así,
así no se sigue, en realidad, porque no se avanza,
no se camina,
y como dijo uno de los más grandes,
"se hace camino al andar".

Y aquí me tienes, caminando hacia un barranco
el barranco de la verdad,
y eso dando por supuesto que cedas,
que (me) concedas unos minutos,
quizás unas horas.

En éste mundo de la información estamos más desinformados que nunca.
En éste mundo de desinformados da rabia salir a la calle.
En éste mundo tengo a mis letras, que sí, me dicen más que mil imágenes.
En éste mundo, al borde entre lo sustancial y lo ajeno estás tú,
y sí, en éste mundo estoy yo. Y no me gusta una puta mierda.

No me gusta una puta mierda estar en éste mundo,
de información,
desinformación,
de miedo.

No me gusta pero estoy, y estoy para vivirlo,
para sobrevivirlo, para lucharlo,
y tú me bloqueas, más que nada hasta ahora.
Me bloqueas con tu indiferencia,
o tu máscara.
Me bloqueas porque me haces dudar,
y evidentemente no me gusta dudar
(No me gusta una mierda dudar).

Así que el fin de hoy es ése, el propósito.

(Que me da igual lo mal que esté visto Pablo Iglesias,
que me da igual si es gilipollas,
que de momento a mi me gusta lo que hace, y éso es lo que me importa.)

Al fin el propósito es intentar hablarte,
a ver si te dejas,
que el fin es que me des respuestas,
información,
para desbloquearme y seguir,
y caminar,
y hacer mi vida que está cogiendo color
y la quiero arder,
la quiero luchar,
la quiero besar,
la quiero amar,

y si me bloqueas no puedo.

Eres como hacer la digestión,
todo el rato,
todo el rato dándole vueltas a lo mismo,
"hacer la digestión es de personas raras".

Que quiero Costa Rica.
Que quiero Madrid.
Que me quiero.

Y tu me bloqueas.
Me bloqueas y no me dejas.

No me dejas querer Costa Rica,
ni Madrid,
ni quererme,
ni me dejas arder mi vida,
ni lucharla,
ni besarla,
ni amarla.
No me dejas sentirte ni sentir lo demás,
no me dejas mirarte ni mirar lo demás,
no me dejas hablarte ni hablar,
no me dejas vivirte, no me dejas vivir,
no me dejas amarte, pero sin saber, sin información, yo no puedo amar a otros.

"Y enfrentarse a sus demonios y mirarles a la cara, escupirles y decirles que ya no se calla nada."

"En el camino más fácil a ella le salen muros."

Deja de ser mi muro.
Deja de ser roca,
conviértete en arena,
en piedrecitas del camino,
acompaña a mis pasos,
déjame reposar en ti cuando me canse de gritar,
de correr,
de luchar.

Déjame saber que en ti tengo hogar,
tengo pecho conocido,
tengo manos de las que te tienden cuando te caes.

Déjame conocerte,
déjame acompañarte,
déjame mostrarte mi mundo,
déjame conocer el tuyo,
déjame enseñarte a crear uno entre los dos.

Deja de encasillarte.
Deja de ser cosas que no te definen.
Deja de preguntarte sobre tus virtudes.
Deja de ser ése que dicen,
deja de decir que eres otro.
Simplemente sé tu. (y deja a los demás que seamos)

Y yo quiero parar ésto,
"y es que aún duele por dentro expresar como me siento,
las miserias pesan mucho más,
y es aprender de la adversidad.
Tengo mucho que absorber,
tengo tanto que entender
y es que ésta es una lección más de un libro sin final".

Quiero tomar conciencia,
asumir que así no puedo seguir,
que así no puedo seguirte,
pero ésto es de los dos y no puedo mantenerlo sola,
no puedo esperar más,
llámalo impaciencia,
llámalo inmadurez,
yo lo llamo vida.
Ya sabes, mi vida,
que se ve paralizada por un sueño de dimensiones gigantescas,
un sueño que se me queda en la punta de los dedos,
en la comisura de los labios.

Como el primo mayor que le quita el juguete al pequeño
y se lo pone siempre al alcance de la mano, quitándoselo justo antes de dárselo.




Lo único que te pido es que me dejes ser, con o sin ti.

jueves, 10 de abril de 2014

Cientocuarenta.

Pintar.

Yo quiero pintar,
árboles y casas,
prados y montañas,
quiero pintar mares

Yo quiero pintar un país
nuevo.
Un país sin represión,
un país donde se luche,
un país donde la tierra sea para arar
y no para construir pisos.

Yo quiero pintar un mundo
sin crueldad,
sin injusticias,
sin niños muriendo de hambre,
sin bebés asesinados para alimentar a un 30% de la población.
Un mundo sin polos derretidos,
sin peligros de extinción.

Yo quiero pintar la lucha,
las manis,
los gritos.

Quiero pintar mujeres sin sujetador,
con pelos en las piernas
y en el coño.

Quiero pintar madres gays,
y padres lesbianas.
Quiero pintar familias de colores.

Y quiero pintarte a ti,
a mi lado.
Quiero pintarnos juntos
en diversos lugares del mundo,
como so viajar fuera tan fácil como cambiar de papel.

Quiero pintarte leyendo,
quiero pintarte cantando.
Quiero pintarte durmiendo.

Y sin embargo,
yo, que tanto quiero pintar,
siento que me quedo sin colores,
siento que no tengo para todo.

Es muy duro desechar.
Es muy duro elegir.

Cientotrentainueve. (Y de momentos buenos.)

Ésto va a ser más difícil,
hasta el dibujo es más feo.
"No te puedes obligar a ser feliz."

¿Cómo se hace cuando el sol de abril se esconde?

Pero se hace. Vaya que sí.
Cambio la música y vamos a por ello....



Y llegan el sol y las flores.
Y llegas tu.
Y llego yo.
¿Y qué más?

Nervio puro cuando se acaba la cuenta atrás.
(Qué miedo me da(s) )

Que la primavera, pues,
parece,
la sangre altera. 
Y altera los nervios.
Y altera las ganas.

Que de golpe sí.
Seguridad.
"Puedes con ésto"
Y vaya que si puedo, que me lo como.
Que (te) como.
Que me como el mundo, porque ya toca.

Toca tomo en blanco.
Toca risas.
Tocan ganas. 

Renovación.
Revolución. Revolución, ¿de qué?
Revolución de colores.
Revolución sexual.
Revolución de amor.
Revolución de vida.

Es como que, a veces, una tiene ganas de ser feliz.
De ser feliz de verdad.

¿Preludio?


LOCA



Cientotrentaiocho. (De momentos malos)

Hoy mis ideas se desangran.
Como quien deja de sentir a su hijo en el vientre,
hoy ya no las siento.

Hoy mis sentimientos se desbordan,
y se arrojan
como locos suicidas de un noveno,
quizá más.

Hoy no se dejan pensar ellos,
no se dejan sentir ellas.

¿Y ahora qué?

De los días malos.
Momentos malos.
Segundos peores.

Idiota, que siempre recaes.

¿Y qué se hace cuando el amor de tu vida y la lucha no son compatibles?
¿Llorar?
No, demasiado simple.
Poco productivo.

"¡Qué materialista eres!"
Y choca la cabeza en la pared,
o la pared en la cabeza,
que ya no sabe donde tiene cada cosa.

De momentos malos.
De dolor. Miedo.
De inseguridad.

LOCA



Cientotrentaisiete. (textos de fondo de disco duro)


A veces es como si el universo entero se diera la vuelta en nuestra cara y nos diera la espalda. De repente todo está mal. Igual no ha pasado nada del otro mundo, igual sí, pero todo acaba estando mal porque todo lo que estuvo mal antes vuelve a estarlo y el miedo a lo que pueda estar mal en el futuro te paraliza.

Es complicado. Es complicado intentar crear un mundo de la nada. Sólo el fénix resurge de sus cenizas...o no.
Es complicado (también) describir los sentimientos, por más fuerte que éstos latan en tu interior. Es...como un desierto después de la selva. Es la nada después del todo. Y es, sobre todo, recrearse en esa nada. Dijo un filósofo pre o post socrático, qué se yo, “de la nada, nada”. Pues eso, de la nada, nada. Y lo sabes. Sabes que hay que moverse. Sabes que hay que contar lo que te pasa para salir de ésa jaula con la puerta entreabierta en la que te encuentras. Suficientemente abierta como para empujar y abrir, pero no tanto como para ver que lo está desde cualquier ángulo de la jaula.

Encerrarse entre cuatro paredes o dejarse llevar por el desenfreno.

No puedes dejarte ir, porque éso es como rendirse. La vida hay que lucharla, incluso cuando no quedan fusiles. La vida hay que correrla, aunque sea descalzo.

Es normal necesitar a alguien al lado, al que contarle lo que pasa o al que simplemente mirar cómo hace cosas. Parece una tontería pero a veces sentir al compañero moverse nos demuestra de forma palpable que seguimos vivos. Pero para ello es necesario empujar un poquito con el pico la puerta de la jaula, lo justo y necesario para que el compañero entre y se siente enfrente. Lo justo y necesario para que el compañero nos mire a los ojos y nos sonría.

A veces una sonrisa cierra más heridas que cualquier cicatrizante.

A veces, hay que dejarse amar.






domingo, 6 de abril de 2014

Cientotrentaiseis.

Quisiera que fuera sábado otra vez,
aunque fuera tan tonta de volver a torturarme con las fotos de esa víbora.

Quisiera parar el tiempo,
o adelantarlo cinco días para tenerte enfrente y hablar.

Quisiera que fuera mayo,
para escuchar al galleguiño y que todo hubiera pasado ya.

Quisiera saltarme el momento de mayor tensión.
Quisiera no tener que ser valiente.

Quisiera poder evitar todas mis dudas.

Quisiera que vuelva el sol, para no sentirme fría.
No me gusta la soledad de los números primos.

Quisiera que todo dejase de estar de cabeza.

Quisiera volver a irme a la cama con una sonrisa en la boca,
y no con la certeza de que hoy me toca a mi luchar.

viernes, 4 de abril de 2014

Cientotrentaicinco.

Que aunque me guste Amaral he de aprender
que sin ti si soy algo.
Sin ti soy alguien

Que sin ti soy artista,
mujer creativa,
que sin ti soy pintora,
soy escritora,
soy amante seductora.

Que sin ti soy,
futura madre,
antigua bruja.

Que sin ti soy tigresa,
soy loba,
soy perra,
soy ave.

Que sin ti puedo volar,
que sin ti puedo querer,
que sin ti puedo sentir.

He de aprender,
que sin ti si soy.
Que cuando llegaste era,
cuando te vayas seré,
y mientras estés, soy.

Soy algo,
sin ti soy alguien.

(No soy nadie sin mi,
pero eso, es otro tema.)





lunes, 31 de marzo de 2014

Cientotrentaicuatro.

Lo llama Apariencia Tediosa y me hace sentir confusión.
Yo lo llamaría Apariencia Dulce.
O Apariencia Amorosa.

Sea como fuere, no creamos en las apariencias.
No creamos en ellas porque a menudo se equivocan.

No es tediosa. Aunque me ciega un poco la mente.
Que ya ni escribir sé.
¡Ay!
Y que se echa de menos.
Hablar, hablar, hablar.

¡Necesito un poco de paz, para darte!

Más que tediosa, adictiva.
Algo así como una nueva droga.
Hablar, hablar, hablar.

¡Ay!

Tedioso el volver.
El empezar de nuevo la rutina.
¡Tediosa la puta lluvia!

Que necesito sol.
Que necesito tomos en blanco.
Que necesito Mayo.
Que necesito Julio.
Que (te) necesito.
Que (os) necesito.

¡Venimos del mismo lugar, de un año de mierda, de rabia sexual!

Que necesito dejar de necesitar.
Esperar, sí, porque es bueno tener algo en frente para seguir caminando.
Necesitar no, que ahí nos tenemos, que no hace falta nada más.
¡Despierta Mujer Salvaje! (y hazme más corta la espera).


Pronto sólo 53.



Tediosos los viajes de ida y vuelta.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Cientotrentaitres.

Lo reconozco, tengo suerte.
He mamado revolución.

Más allá de cómo sean las cosas ahora,
cuando era una beba mi padre usaba boinas
y mi madre usaba petos.

Me crié en una casa en la que la única televisión que había era más pequeña que mi cerebro de nena.
Me crié entre libros, algunos de ellos roídos por nuestra pequeña Mika.
Sí, me crié entre animales.

Suena idílico.
Lo era.

Me crié con canciones protesta.
A mi las nanas me las cantaba Ismael Serrano,
y las ganas de bailar me las daban Mercedes Sosa y Leon Gieco.
A mi la imagen del Che me resultaba familiar, aunque no supiera quien era.

Me crié con un tío homosexual.
Con su pareja homosexual.
Con sus amigos homosexuales.
Me crié en un concepto de respeto simplemente completo.

Me crié en dos idiomas.
Y no, no me gustaba hablar (cómo cambian las cosas),
pero ya se sabe, "si no quieres caldo, pues toma dos tazas".

Yo era niña y no llevaba pendientes,
ni tenía los agujeros hechos.
Yo era niña y llevaba el pelo corto,
y muchos pantalones y petos.

A mi me vestían de colores,
y de disfraces.

Con seis años ya había sido pintor,
ratón, tigre, campanilla, hippie, bruja, un lápiz azul,...
He vivido en mi infancia más que muchos en una vida entera.

A mi me criaron con creatividad.
Nunca he pintado bien,
nunca he dejado de hacerlo.
He hecho más cosas con papel maché de las que pueda contar,
y siempre se manchaban también las manos de mi padre.

Mi vida eran los cuentos,
y las fábulas, dios, cómo adoraba las fábulas.
Mi padre, o mi madre, me leían por las noches.
Sé que conozco La historia interminable, pero no me acuerdo.
He viajado con Momo, y con su tortuga.

Y cuando no había cuento de mamá o papá
ahí estaba mi reproductor de cintas y mi mega caja de cintas con cuentos grabados.
(Lo sé, friki desde pequeña.)

Y si no había cuentos, ahí estaba Ismael,
"papá, cuéntame otra vez..."

(Lo sé,
Suena idílico. 
Lo era.)







Marchas de la Dignidad. 22M.

En éstos días que vienen siguiendo al fin de semana en nuestro país hay un tema de debate que se encuentra en la línea entre lo público y lo clandestino. Como imaginarán, me refiero al 22 de Marzo y las Marchas de la Dignidad.




Cualquier persona con acceso a internet habrá podido ver las imágenes aéreas de una Madrid colapsada por los manifestantes, así como imágenes de policías agrediendo a manifestantes y manifestantes respondiendo con violencia a estas agresiones.
Aquellos que sólo acostumbren a hacer uso de los medios informativos masivos probablemente no hayan accedido a la parte de la violencia ejercida por parte de la autoridad, pero eso es un tema de debate en el que de momento, no quiero entrar.


El quid de la cuestión en este caso es la gran cantidad de imágenes violentas que se han mostrado al respecto, cuando para los que estuvimos allí no son imágenes ni historias representativas. Ocurrió, es cierto, pero antes de los altercados se produjo una manifestación larga, tanto en tiempo como en espacio, multitudinaria y completamente pacífica.


He de reconocer que por motivos personales llegué un poco más tarde del comienzo de la misma, pero esto me fue favorable al final, pues mientras buscaba a mis compañeros de la Columna de Extremadura pude recorrer una gran parte de la manifestación (desde Atocha hasta un poco más allá de la fuente de Neptuno) y observar los diferentes colectivos y ambientes que se daban.


Nada más llegar a Atocha y salir de la boca del metro ya se escuchaba música. Sí, música, y no gritos de horror, ni golpes, ni tiros. La gente estaba cantando y bailando, e incluso había participantes que llevaban sus instrumentos para marcar ritmos animados que nos hacían avanzar a los compañeros con una sonrisa en la boca.

El primer colectivo que me crucé fueron los compañeros de CNT que, si no recuerdo mal, bailaban, ondeaban sus banderas y cantaban al ritmo de sus pasos.

Seguí andando y confluí con muchos otros colectivos, Columnas de diferentes comunidades como Andalucía, Euskadi, Galicia…, también colectivos de Ecologistas, e incluso me crucé con unas chicas cuyas pancartas rezaban “Gitanas y Feministas”.
Pude ver a muchas familias, a amigos, a gente feliz compartiendo un día histórico con sus hijos y sus mayores. No había límite de edad, pues desde bebés de meses hasta “yayoflautas” acompañaban los  cánticos.




Si hubo alguna sensación predominante, diría que fue la de unidad. No suelo tener la oportunidad de acudir a manifestaciones tan multitudinarias, pero de las que he ido esta fue una de las más amables. Nada de aglomeraciones. Nada de agobios. La lucha se hace respetando al compañero, y allí todos éramos compañeros incluso, a veces, hasta amigos.

En los medios no hablan de la gran cantidad de personas que se movilizaron para llegar a Madrid. Por ejemplo, en cuanto a Extremadura se refiere, unos 18 autobuses, y más de 200 personas en las Marchas a pie llegaron a Madrid con ánimos positivos el día 22. En concreto siento que ese compañerismo, esas ganas, se palpan desde el momento en que un antiguo compañero de clase se acuerda de ti y te comenta que hay autobuses que llevan a gente gratis a Madrid para la manifestación. Puede parecer una tontería, pero cuando llevas meses sin saber de una persona y dicha persona se acuerda de ti para luchar, a mi al menos, me emociona.


Según avanzaba por la manifestación buscando a mis compañeros y, me atrevo a decir, compatriotas también, fui testigo de como un periodista pedía a dos chavales de la manifestación que se pusieran un pasamontañas para hacerles una foto. En ése momento me imaginé una portada de periódico con un rótulo enorme que rezaba “22M, radicales de izquierda destrozan Madrid”, o algo por el estilo.
No hace falta ser un genio para conocer la manipulación de los medios masivos. Incluso un helicóptero pasó sobre nuestras cabezas, transversal a la manifestación, sobrevolando menos de un noveno de la misma, en fin…

Aunque me parecía imposible, dada la gran cantidad de gente, entre gritos de lucha y paso parsimonioso llegué a la Columna de Extremadura, ¡por fin!, y encontré a mis amigos y compañeros encabezando la misma. Y ahí fui yo, con ellos, loca de contenta por haber llegado sin problemas y con todo el ánimo de participar y embeberme de aquello que estábamos viviendo.




Y así es que avanzamos, lento pero con decisión. Con compañeros de Euskadi primero delante, luego entre nosotros. Con uno de los grupos ecologistas unos metros más allá. Con jóvenes y mayores, pues insisto otra vez en el gran abanico de edades que nos rodeaban.

Hay algo que pude respirar durante casi más de tres horas el sábado pasado. Pude respirar alegría. Alegría porque de repente ya no estábamos solos. De repente, la lucha ya no era sólo de los estudiantes, los jubilados, los afectados por el ERE de Coca Cola Company, los maestros o los bomberos. De repente estábamos todos, juntos, en una Madrid más bella que nunca que acogía a su paso a una marea de dialectos que, en conjunción, forman este país que nos quieren robar.


Recuerdo que nos sorprendimos de cómo al pasar por La Cibeles no había ningún policía vigilándola, pero ella no nos tenía miedo, porque sabía que no somos radicales destrozaestatuas, sino personas que han decidido luchar por sus derechos por primera vez en años de una manera activa.




Hoy, cuatro días después de ésta Marcha que ya es histórica, en la televisión y los periódicos sólo se habla de violencia, en los debates sólo se recuerda cómo el 15M fue también histórico pero no llegó a nada, y en la calle se sigue luchando.


Yo, como tantos otros, tuve que volver a casa, tan lejos de mi querida Madrid, hoy más luchadora que nunca.
Sé que allí hay gente durmiendo en la calle, acampando por su dignidad y la de todos. Sé, que hay gente acampando de hecho por toda España.

También soy consciente de que probablemente nos quede mucho que aprender. No dejamos de ser hijos de un sistema opresor y competitivo que nos ha enseñado a vivir en capas sociales y con posos casi estamentales que nos hacen estar acostumbrados a las jerarquías.

Personalmente, no creo en jerarquías, quizás porque el feminismo lucha contra la jerarquía más potente y antigua, el patriarcado, y yo me declaro cada día más feminista, aunque mi lucha sigue en pie.


Es probable que hasta que no dejemos de usar insultos patriarcales, hasta que no dejemos de creernos mejores por haber leído o viajado más, hasta que no aprendamos a no hacer daño a otros seres vivos ya sean personas o animales, no podamos tener el mundo que realmente creo hoy la mayor parte de seres humanos que habitan el planeta queremos.


Pero me fui contenta de la manifestación, de la multitud, de la lucha, del saber que no todo fueron policías cargando contra nosotros antes de tiempo, no todo fueron compañeros respondiendo a la agresión policial. Esta multitudinaria marcha se compuso y compone de mucho trabajo y de muchas personas. De muchas horas y muchas ganas. Y por todo ello estoy segura de que hoy, que podemos contar lo que vimos y vivimos, sólo es un comienzo para un cambio real.


Porque queremos a nuestro país y vamos a luchar por él, gracias Marchas de la Dignidad.




Fotografía: Daniel Dominguez Rodriguez 
@MrDan95

Texto: Elsa Álvarez Schwellenbach
@els_alvarez

martes, 25 de marzo de 2014

Cientotrentaidos.

Cartas. Cartas .
¿Y qué quieres que te escriba?

Que me muero de ganas de verte
Que ésta carta no tiene sentido
Que quizás ya no tenga ni vida
el día que puedas leerme.

Que me muero de ganas de olerte,
Descubrir lo fuerte que es tu pelo,
Besar esa sonrisa de niño,
Sonreir si besas tu primero.

Que mi fin es construir un barco
Y poder navegar por tu espalda,
Que los días se hacen noches si pierdes,
Que me pierdo entre tantas ganas.

¿Y qué quieres que te escriba?

Un anónimo firmado a besos
Un beso sabor a amapola,
Unas flores que crecen salvajes
en un verde entre tanto edificio.
Edificios que marcan fronteras.
Y distancia. Puta distancia.

Cientotrentaiuno.

Creo que no es tanto pedir una tarde contigo,
Pero no me la das,
Ni la tarde ni a ti.

Puede que lo merezca,
Pues hace un mes era yo
la que no te daba lo que pedias
Y me reía con un "¿delante de todo el mundo?"

Creo, aunque igual me equivoco,
Que no es tanto pedir que vuelvas a decirlo
Brujita
No sabes lo bien que suena,
Pero sólo si lo dices tu.

Que te pido una palabra
Y te pudo la garganta
Y el tabaco
Y el alcohol.

Que de repente no soy nadie,
O lo soy todo,
Pero no, no te odio,
Si cabe, te espero más,
(Cada día un poco más)

Y yo, al fin y al cabo, lo que necesito es un copazo,
Es primavera,
Es compañía.
Lo que necesito son flores,
Colores,
Alegría.

Y tu, al fin y al cabo, lo que tienes es tu cueva,
Y ahí no llegan las flores,
Ni el sol que acaricia marzo
Y que, con suerte, picará abril.

lunes, 17 de marzo de 2014

Cientotreinta.

Amor.
Es que hoy lo único que puedo sentir es amor.
Amor y gratitud, que van un poco de la mano.
Es tan hermoso poder amar,
es tan hermosa la gente amable, abrazable, achuchable, (y tantos otros -ables-)...

Me maravilla encontrar gente a la que es tan fácil querer.
Es increíble que haya tantas personas con tanta historia detrás,
(a veces historia devastadora)
y que sin embargo parecen personas nuevas cada día.
Con sonrisas de niño,
ideas de bombero,
amor de madre.

Es vida.
Vida encontrar una persona que puede ser tan cercana desde el principio,
Me da vida la mujer, la mujer que se levanta y decide seguir,
a pesar de todo,
sin cenizas del pasado.
Me da vida tener la oportunidad de conocer y disfrutar de alguien así.

Son personas, que de repente aparecen (o reaparecen) en éstas vidas nuestras, a veces de apariencia tediosa.

Aunque más de uno puede sentirse abrazado de toda la gratitud y amor que hoy siento.
Aunque a más de uno me gustaría hoy abrazarlo, sólo para ver que pasa.

Hoy, éste texto,
éste amor creciente,
ésta curiosidad innata,
curiosidad como de niña pequeña,
ganas de conocer,
de aprender,
de compartir sonrisas,
ideas de bombero,
y amor de madre.
Hoy va por alguien de quien me declaro una gran fan.

La imagen de hoy, es suya.
El blog que os comparto, también.
Y, puedes dar por hecho querida Inma Venegas, que desde ya, mi amistad también te pertenece.
Nos queda mucho por conocer la una de la otra, pero intuyo que será precioso.

Cientoveintinueve.

Sinceramente, me desconciertas.
Me muerde la curiosidad cuando sé de ti, cuando te leo.
Sinceramente, me desorientas.

Me muere la curiosidad, pues ya se sabe, la curiosidad mató al gato.

Directamente, me vuelves loca.
En todos y cada uno de los sentidos de ésa expresión  ya desgastada del uso.
Loca, pero no de manicomio.

Cuidado, nunca de manicomio, ése es sitio para enfermos de sociedad.

Honestamente, me intrigas demasiado.
Así y aunque ser contigo sea dejar de ser,
así y aunque al final me quede con las ganas,
así y aunque quizás termine doliendo.

(Lo dicho, la curiosidad...)

Simplemente me pierdes.
O te pierdo.
Nunca en el mal sentido, al fin y al cabo no eres mío.
Me pierdes a mi misma cuando aceleras y pierdo tus pasos.

Pero aún así es apasionante verte correr,
aunque ahogue un poco la sensación de que el horizonte se te traga.

Poeta hecho de versos,
(a veces me sorprende que no lo veas).

Cantante que destila música.
Y ahí estás, plantado cual palmera.
No hay quien entienda a qué puedes estar esperando.

Háblame palmera, cuéntame a qué esperas.



domingo, 16 de marzo de 2014

Cientoventiocho.

Escuchar al gran Andrés Suárez mientras se está en el mar es uno de los placeres más viscerales que he experimentado en la vida.

No es la clase de cosas que escribe uno en una entrada de un blog, pero es que la sensación de amor puro y absoluto que he sentido gracias a su voz, sus letras y la inmensidad del agua salada que (creo) demasiado poco valoramos,... todo éso me ha hecho destilar felicidad.


Paz y felicidad. Cuán curioso que es meter los pies en el agua congelada y pensar, al otro lado del océano está la bella Buenos Aires, mi querida América, mi ansiado futuro y mi soñada libertad. Curioso y triste, en parte, o más bien melancólico. Puede ser que mi querida prima tuviera razón y la melancolía sea también un sentimiento de felicidad.


Desde luego, cantar "vuelve, que te están confundiendo con las flores que adornan los defectos de mi casa, donde aún hablo de ti" mientras escuchas el murmullo del mar, como animándote a seguir...es increíble.


Es en esos momentos en los que uno se siente intocable, inalcanzable, invencible.

Son esos momentos  los que me dan la seguridad para seguir adelante con todas las locuras que tengo en la cabeza.
En esos momentos es en los que sé que puedo volar si quiero.



Es mi manera de saber que soy la luz que ilumina la oscuridad.


"Pies, para que los quiero, si tengo alas para volar."

Me llena de vida el mar, la playa, la arena que se te mete hasta en las orejas.
Me llena de vida la inmensidad. Creo que es la única masa gigante que no me da miedo.
El universo, por ejemplo, me aterroriza, tan grande, ahí, sobre nosotros...
Pero el mar no. Qué se yo, cosas de locos probablemente.

Y hago aguas cuando llevo mucho tiempo sin el olor a sal. No puedo imaginar una casa futura demasiado lejos del mar. Me encantaría ver a mis hijos corriendo por la playa un rato cada día. Debe ser maravilloso crecer rodeado de su arrullo. 

¿Qué será que nos da para que nos guste tanto volver? Para mí es por lo del agua y la vida. Ya se sabe, donde hay agua hay vida, y claro, gente de interior que de repente se encuentra ante tal masa de vida, que late, respira por si misma, va y viene, como queriendo tocarte pero no atraparte para siempre, fluyendo con o sin ti, bajo, sobre o al rededor de ti. Simplemente fluyendo.

El mar, la música, los libros, el amor y la libertad.

(Lo sé, es mucho pedir).




miércoles, 12 de marzo de 2014

Cientoventisiete.

La Brujita y El Lobo.

Aunque no es lo habitual, éste cuento podéis empezarlo como queráis. Yo lo imagino con un “hace mucho tiempo” o un “érase una vez”, a lo clásico, porque en mi mente se da sobre el siglo XIX, pero no soy una escritora oficial ni hecha y derecha, así que depende de vosotros cuándo se dé la historia, la ropa que imaginéis en los personajes o el ambiente.
Hoy, a mi, sólo me toca contarla.

Había una Brujita que vivía en un pueblo, cercano a una ciudad que muy de vez en cuando visitaba.
Había un lobo que vivía en el monte, cercano a un bosque que de tanto en tanto pisaba.

Vayamos con la Bruja. Hay algo importante que ha de saberse, y es que ella no sabía que era bruja, y no lo supo hasta que rozó la adultez. Vivía en una casa un poco alejada del pueblo, sí, pero no porque las brujas vivan lejos del resto de los mortales, sino porque el trajín y el cotilleo pueblerino le agobiaban un poco, y porque poder cultivar su propia comida le entretenía y ahorraba dinero. (En épocas de crisis más que nunca un huerto es una mina de oro).

Como buenos lectores os preguntaréis cuándo, cómo y por qué descubrió su magia la brujita. Fue en un día de invierno, en el que paseando por el pueblo se encontró con un perro muerto de frío y de hambre. Lo miró a los ojos y no pudo evitar sentir la necesidad de ayudarlo, así que lo cogió en brazos y se lo llevó a su casa, un poco apartada de todo, para darle de comer y prestarle unas mantas. De tanto tiempo malviviendo el perro también se veía enfermo, así que lo llevó al médico del pueblo con la esperanza de que éste pudiera ayudarles, pero el médico la miró sobre sus gafas de media luna, entornó los ojos y sugirió:

“Si no quieres que te diagnostique a ti un transtorno mental saca a ése chucho de mi consulta inmediatamente.”

La Brujita (bueno, entonces aún no) se asustó y salió corriendo con el perro en brazos. Un poco alicaída llegó a la conclusión de que debía ser ella quien le diagnosticase la enfermedad a su nuevo amigo. Le tumbó en unas mantas al lado de la chimenea y puso una silla justo en frente, se sentó y se quedó observándole durante horas. Se conoce que el perro se sentía incómodo con una jovencita mirándole todo el rato casi sin parpadear, porque de repente abrió la boca y dijo:

“Lo que tengo ya se está curando. Se cura con comida, calor y cariño, y tu, pequeña, me lo estás dando todo en cantidades industriales.”

La Brujita (aunque aún no se había dado cuenta) dejó caer los hombros y suspiró de alivio al saber que su amigo estaba recuperándose. De pronto, se quedó quieta, boquiabierta y pensando...

“¿Los perros hablan?”

El perro rió.

“¿No es evidente?”

“Pero..., nadie habla con los perros...”

“Querida, los perros hablan. Son los humanos los que no escuchan.”



Ahí lo tenéis, en ése momento la Brujita supo que era Brujita, por algo tan simple como haber aprendido a escuchar. Toda la noche hablaron el perro y la Brujita, y él le hizo entender la importancia de la empatía, la compasión e incluso de una sonrisa verdadera.
Ella le escuchaba y preguntaba. Preguntaba mucho:

“¿Es también por la magia que siempre me he sentido diferente?”
“¿La magia me servirá para ayudar a los demás?”
“¿Puedo contárselo a alguien?”
“¡Cómo que no me creerán, no estoy loca!”


El Lobo vivía en el monte, cerca de un bosque al que iba más bien poco. No es que fuera antipático, es que no tenía nunca ganas. En el bosque paseaba hasta encontrar a su quizás único amigo, a su hermano del alma, el Búho, que le hablaba de todo lo que conocía y observaba. No es una casualidad que siempre se haya relacionado al búho con el saber, los búhos no sólo son aves que vuelan y pueden verlo todo desde diferentes perspectivas, los búhos son aves nocturnas y, como todo el mundo sabe, la noche está hecha para los artistas y para los locos, y, como todo el mundo sabe, nadie es más sabio que un artista o un loco.

Pues bien, el Búho observaba y luego le contaba todo al Lobo. Muchos días, después de sus charlas, el Lobo olvidaba cazar y se dedicaba a rumiar pensamientos en su cueva. Le gustaba estar con el Búho porque era de los pocos momentos en que se sentía feliz de verdad, aunque a la vez se sentía pequeñito por todo lo que le quedaba por aprender. Puede sonar estúpido, claro, un lobo puede acabar ferozmente con un búho y no dejar ni las plumas, pero éste lobo raro sentía que su mente estaba tan achicada al lado de la del búho que ni aunque quisiera (que no quería) hubiera podido hacerle daño.

Así, los días pasaban, con la Brujita aprendiendo a usar sus poderes sanadores para ayudar a su amigo el perro y con el Lobo embebíendose de todo lo que le contaba el Búho.

Un día, la Brujita quiso ir a pasear por el bosque, teniendo antes que cruzar por el monte. El paseo fue directo, tranquilo, sin complicaciones. De regalo se llevaba algunas setas y frutos rojos, para hacer una cena diferente y agradable.
A la vuelta del paseo, casi a la salida del bosque, casi llegando al monte, la Brujita se cruzó con el Lobo. Como podía hablar con los animales, o mejor dicho sabía escucharlos, ya no le daban miedo, y por ello no huyó despavorida.
El Lobo la observaba curioso, extrañado de que ésa jovencita rara no saliera corriendo, pues estaba seguro de que le había visto. Torció el hocico y rechinó entre dientes:

“Éstos humanos están todos locos.”

La Brujita, como no podía ser de otra manera, le oyó y se ofendió. ¡Llamarla humana a ella, que era diferente, que era una Brujita, que era buena con todos los seres, que sabía escuchar! ..., sintió que se enfadaba por primera vez en mucho tiempo, y, sin poder controlar su lengua larga que siempre decía lo que pensaba su colorida mente soltó:


“Si vamos a generalizar he de decir que espero que el resto de lobos no sean tan lentos como tú, si yo fuera un cazador ya estarías muerto.”

Nada más decirlo se arrepintió, había sido un poco brusca.
El Lobo la miró atónito.

“¿Me escuchas?”

“Si.”

“¿Cómo?”

“Creo que con el corazón, pero estoy empezando, no me hagas mucho caso.”

“Es imposible.”

“Obviamente no lo es, no digas tonterías, pensaba que los lobos erais más listos.”

“Eres un poco grosera tu, ¿no?”

“Lo siento..., es sólo que me ha molestado que me llames humana.”

“Es lo que eres.”

“No lo soy.”

“Lo eres.”

“No lo soy.”

“Bueno, pues eres una cabezota, que para el caso es lo mismo.”

“Soy una Brujita.”

“¿Brujita?”

“Ya te lo he dicho, estoy empezando.”

El Lobo quiso reír, pero no le salió más que una sonrisa.
La Brujita quiso irse, pero no le salió más que un paso hacia el lobo.

“¿Qué llevas en la cesta?”

“¿Piensas comerte a mi abuela?”

“¿Perdona?”

“Como el de Caperucita Roja, le preguntó por la cesta y acabó comiendose a su abuela.”

“Definitivamente, los humanos estáis locos.”

“Te he dicho que..., bueno, da igual.”

La Brujita se dió la vuelta indignada y echó a andar hacia su casa.
El lobo quiso seguirla, pero no le salió más que una mueca de tristeza, borrando su sonrisa anterior.

De nuevo, siguieron pasando días. Por supuesto, el Lobo y la Brujita se volvieron a encontrar, aunque no puedo deciros cómo ni dónde, porque hasta mi mente me guarda algunos secretos cuando hablo de amores ajenos.
El hecho es que se encontraron, y volvieron a hablar.
El hecho es que se volvieron a encontrar, y hablando pasaron días cruzándose en los caminos y en las vidas, hasta que hablar era innecesario para saber qué pensaba el otro.

Ella le regalaba cartas interminables.
Él le regalaba libros que cogía a hurtadillas de la tienda del rico del pueblo.

Ella se embebía de lo que el Lobo le contaba.
Él aprendía a sentir la magia que la Brujita le mostraba.

La Brujita se sentía feliz de poder hablar con alguien más que con su amigo el perro, que además llevaba días de viaje. Se sentía feliz de que su poder sirviera para escuchar a un lobo tan interesante, que tenía para contar su vida tanto como la de su amigo el Búho.
Una vez pasaron la tarde juntos, los tres, el Búho, el Lobo y la Brujita, y pasearon y hablaron toda la tarde, o más bien habló el Búho, pues cuando él hablaba sobraba cualquier sonido ajeno a su voz.
A ella también le llenó ésa sensación de felicidad que había sentido siempre el Lobo, además de ésa otra sensación de pequeñez ante una mente tan brillante.

El Lobo se sentía feliz de haber encontrado un alma tan parecida. No era como con su amigo el Búho, que sí, se parecía a él pero daba la sensación de que le superaba en la velocidad en que corrian sus pensamientos. La Brujita no, la Brujita iba a su ritmo, y si no lo iba se adaptaba para caminar a su lado o le observaba correr. Era una Brujita buena, porque cuando lo veía acelerar para correr no le pedía que parase pero sí que mirase por donde pisaba.
Se preocupaba, “instinto de madre” lo llamaba ella. “Algo más”, lo llamaba él.

Podían pasar la tarde hablando, pero en cuanto oscurecía la Brujita volvía a casa.
Nunca lo invitó a entrar.
Nunca el Lobo se lo pidió.

En su interior la Brujita quería conocer la cueva del Lobo, se moría de curiosidad.
Una vez tocó su lomo y pudo sentir como bajo su bello pelaje había cicatrices grandes y feas.
Le dió miedo la sensación, le dió miedo pensar en todo lo que había sufrido y seguramente seguía sufriendo su querido amigo lobo. Le dió miedo sentir que quería conocerlas, cada una de ésas cicatrices, y ayudarle a superarlas, a no temerlas más.
Después de ésa vez ya no quiso nunca más entrar a la cueva del Lobo.
Después de ésa vez algo cambió.

En secreto, cuando llegaba la noche, el Lobo aveces se escondía bajo la ventana que daba a la cocina de la Brujita para olisquear y saber qué iba a cenar.
No solía gustarle lo que preparaba porque ella no comía otra cosa que plantas, y los lobos (ya se sabe) son más de carne cruda, pero seguía llendo a olisquear.
Otras veces se metía en lo más profundo de su cueva, repasaba cada palabra de las conversaciones con la Brujita y se decía a si mismo que nunca volvería a salir de la cueva y que nunca más volvería a ir a verla.
El día que ella le tocó el lomo fue uno de esos días de cueva. Sintió miedo, terror, cuando se dió cuenta al mirarla a los ojos que la Brujita había sentido sus cicatrices. Sintió pánico de que ella pudiera llegar algún día a conocerlas, o peor aún, a ahondarlas.

El día del lomo (o de las cicatrices) fue un día triste.
Ambos tuvieron miedo a la vez por vez primera en toda su historia. Éso los separó.

Unos días después ella decidió que tenía que dejarle ir.
Unos días después él pensó en no volver a salir de la cueva, ésta vez seriamente.

Quedaron, y hablaron, un poco más por costumbre que por ganas.
Antes de anochecer ella miró a su querido lobo, y entendió que nunca podría tenerlo como quisiera, que no podría porque él era un Lobo y ella una Brujita, y, reuniendo fuerzas de a saber dónde decidió soltarle todo como se lo contaba en sus cartas, pero por primera vez mirándolo a los ojos, aunque doliera.

“Siento que tenemos que dejar de ser. Tenemos que dejar de sentir. Siento que te me escapas y que no puedo hacer nada para evitarlo. Quiero ayudarte a curar tus cicatrices, pero no puedo, ni mi magia funciona si tú no me dejas. Siento que quiero más, cada día quiero y necesito más, no sólo mentalmente, también físico. Siento que quiero abrazarte y no puedo, siento que quiero cosas que no puedo pedirle a un Lobo, siento que por mucho que quisieras dármelas no sabrías.

Pero me asusto a mi misma. Porque también siento que quiero estar a tu lado siempre. Que si necesitas esconderte unos días no me importa, que te esperaré preparando una tarta de frutas para mí y un pastel de carne para ti. También siento que podemos estar juntos siempre, que podemos funcionar. Siento, a la vez, que no puedo tenerte como quisiera y que podría acariciar tu pelaje el resto de mi vida.

Soy una Brujita, y hago magia, ya lo sabes. Hablo con lobos como tu, hablo con perros, hablo con búhos. Siento y entiendo cada cosa que me dices. Hago magia porque te hago sonreír, y yo sé que no es algo fácil hacer sonreír a tus ojos. Hago magia porque te doy ganas de salir de la cueva.

Pero también te doy miedo. Y tu miedo te aleja, y la distancia mata mi magia.

No puedo sacrificar mi magia por tu miedo, aunque quiera. No puedo volverme loca y ser un humano más. No puedo pedirte que me perdones, ni que intentes comprenderme. No puedo quedarme.”

Y entonces, la Brujita se levantó con los últimos rayos de sol y se alejó hacia su casita, apartada del pueblo y lejana a la cueva, donde siempre tendría cosas por hacer y tiempo para pensar en su Lobo.

...

Lo sé, falta algo, falta lo que pensaba el Lobo. Falta que aúlle y le diga que no se vaya. Falta quizás un final feliz, o más trágico, o más final. Pero, hoy por hoy no sé que pensaba el Lobo, o quizás no quiera saberlo. Hoy por hoy no sé qué significa, no sé si es final, y no sé si la Brujita se dió la vuelta para abrazar a su Lobo y no dejarlo ir nunca, o si el Lobo le pidió que no se fuera, o si entre los dos encontraron algún hechizo que los conviertiera a ambos en aves que de la mano fueran a dar la vuelta al mundo.

Hoy por hoy, supongo, algo en mi mente espera la respuesta del Lobo, su reacción a la primera carta recitada a los ojos que le regaló su Brujita, la más corta, la más dura, pero también la más sincera.


Dualismos, como siempre, que incluso en mentes mágicas y animales se dan a pares.