jueves, 29 de mayo de 2014

Cientocuarentaisiete.

Con hoy hacen tres días que pienso en mi hija.
Sí, en mi futura hija.

Amelia, para lxs que no la conzcaís ya.

Sé que cuando la tenga en mis brazos necesitaré transmitirle mucha, mucha, mucha fuerza. Necesitaré enseñarla a luchar, porque ser mujer en este mundo es nacer valiente, nacer luchadora. Si no se lucha, no se vive, y eso es así.

Me revienta ver como en los últimos días he oído, leído y visto sufrir a mujeres que son mis pilares.

Sé que algún día le contaré a Amelia una historia que me contaron a mi hace dos tardes. Le contaré como mi profesora de inglés, el primer viaje que hizo a Inglaterra, se quedó con una familia de acogida de estudiantes que resultaron ser unos punkys “de los de cresta y todo”. No sólo le contaré la historia porque es curiosa y arranca una sonrisa. Se la contaré para describirle los ojos brillantes de una de las mujeres más valientes del pueblo en el que he vivido mi infancia y mi adolescencia. Una mujer que no renunció a su manera de ser a pesar de las lanzas de la ignorancia, que la señalaron siempre.
Ésa es su lucha, y yo quiero transmitírsela. La lucha de una de mis mejores profesoras. Y también su pasión por el inglés, pues aunque por desgracia yo no conozco tantas cosas como ella de la cultura anglosajona, sé que de ella aprenderé la mayor parte de lo que nunca llegaré a saber, y porque quiero que mi hija hable y disfrute del Inglés como lo hago yo.

Sé que le contaré también cómo conocí a una de mis mejores amigas, de mis más grandes apoyos. A una chica que a pesar de todos los sentimientos enfrentados que se le venían al abrir los ojos nunca dejó de aprender y de avanzar, de darse cuenta, de notar esos matices que los que ejercen el poder no quieren que notemos. Le describiré cada paso de la lucha de ésta mujer a la que tanto amo, la que hizo sin mi y me contó, la que me ayudó a hacer, y la que hicimos juntas.
Juntas, ésa es la palabra que nos define. Juntas.

Y le hablaré por supuesto de la mujer más impulsiva que he conocido y que conoceré. De ésa mujer que te dice las cosas que haces mal, y que también sabe decir que te quiere.  De ésa mujer que decidió luchar también, cada día, contra el estilo establecido, contra sus padres, contra su derredor, contra éste pueblo estúpido que nos oprime y que intenta meternos en sujetadores push-up y baños de maquillaje. Y ella dijo “¡que no!” y aquí estamos todavía, devolviendo miradas agresivas a viejos que gritan por la calle, a chulitos que hacen el caballito con la bici, a personas que no nos merecen. Siempre con ella, pues sin ella a mi este pueblo se me habría comido.

Son grandes, pero sé que a veces hace falta que alguien nos recuerde esto.
Chicas, “somos muchas, somos tantas, somos, somos cada vez más, aullándole a la luna.”
Porque nadie va a dejaros abajo, porque nadie merece vuestra tristeza. Sois fuertes, sois tigresas, lobas, leonas, y no estáis solas.

Sobre todo quiero que recordéis, que por muy jodida que pinte la cosa, por muy negra que venga la noche, por muy fuerte que pegue el sol, no estáis solas.

Somos lobas, y somos manada.






(Y sí, enseñar mi barrigota es mi manera de decir hoy: ¡que les den a sus reglas, a sus estereotipos, que les den a sus mentes estrechas, a tomar por culo todo lo que esperan, se acabó! )



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