martes, 20 de mayo de 2014

Cientocuarentaiseis.

Una vez más me remuevo entre libros,
mis libros, con su polvo, su sonrisa,
ellos como siempre que me dicen :" aún no nos hemos olvidado de ti".

A veces me siento en deuda con sus letras.

Técnicos y complicados,
ágiles y dulces,
historias repetitivas
o historias completamente novedosas...
Ahí están, y me acompañan

De nuevo, Peter Pan bajó de mi mente,
lleva un par de días sonriendo,
creo que vuelve a no sentirse solo.

Llamo cada noche,
(cada día,)
a mi Mujer Salvaje.
Mis lecturas y la meditación me ayudan a encontrarla,
le encanta tumbarse sobre los árboles del bosque...

Me gusta porque no tiene miedo a caerse.
Es como los pájaros, confía en sus alas.

Me gusta porque aunque es libre está ahí,
no cuando ella quiere,
sino cuando yo la necesito.

Mi Mujer Salvaje nos cuenta cuentos a Peter y a mi cada noche,
de nuevo,
desde hace tres días.

La margarita me mintió,
pero me enseñó un gran valor:
Ninguna vida vale más que algo mediocre, repetitivo, estandarizado...
Ninguna. Ni si quiera la suya.

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