lunes, 17 de marzo de 2014

Cientoveintinueve.

Sinceramente, me desconciertas.
Me muerde la curiosidad cuando sé de ti, cuando te leo.
Sinceramente, me desorientas.

Me muere la curiosidad, pues ya se sabe, la curiosidad mató al gato.

Directamente, me vuelves loca.
En todos y cada uno de los sentidos de ésa expresión  ya desgastada del uso.
Loca, pero no de manicomio.

Cuidado, nunca de manicomio, ése es sitio para enfermos de sociedad.

Honestamente, me intrigas demasiado.
Así y aunque ser contigo sea dejar de ser,
así y aunque al final me quede con las ganas,
así y aunque quizás termine doliendo.

(Lo dicho, la curiosidad...)

Simplemente me pierdes.
O te pierdo.
Nunca en el mal sentido, al fin y al cabo no eres mío.
Me pierdes a mi misma cuando aceleras y pierdo tus pasos.

Pero aún así es apasionante verte correr,
aunque ahogue un poco la sensación de que el horizonte se te traga.

Poeta hecho de versos,
(a veces me sorprende que no lo veas).

Cantante que destila música.
Y ahí estás, plantado cual palmera.
No hay quien entienda a qué puedes estar esperando.

Háblame palmera, cuéntame a qué esperas.



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