Sé la tigresa de tu vida.
Ruge, con ganas
cada día que vivas,
cada día que te levantes, sea la hora que sea.
Estira las patas,
siente cada músculo,
cada tendón.
Abre la boca y bosteza,
siente tu cara
que está ahí, preciosa
a rayas,
como las pinturas de guerra de un apache amenazado.
Acércate a un charco y bebe,
mírate en él
y observa tus ojos felinos.
Sí, el charco ve en ti lo que tú has de encontrar
(lo que yo veo cada día),
un animal grande,
fuerte
y bello,
que no necesita de nadie,
que vive con el medio, con la naturaleza;
Y no de ella, como hacen el resto de mortales impíos
que la desangran
y venden como espectáculo su muerte.
No, tú no eres así.
Sé más rápida, sé más lista.
Disfruta del placer de tumbarte en la rama de un árbol,
para sentir el sol en tu pelaje.
No, no eres como ellos.
Sé más lista, y corre.
Corre por la selva en la tranquilidad de saber que
aunque los días son finitos
la paz es inmensa y alcanzable (por fin).
Y no te asustes,
no hablamos de la paz de la muerte,
es una paz más fuerte, algo que va más allá.
Una paz verdadera,
fuera del mundo de asfalto y acero que habitan los que nos consideran raros.
Es la paz de la certeza,
la certeza de saber que el amor existe de verdad,
la certeza de creer en las personas,
la certeza de que en algún lugar hay alguien a quien podremos hacer sonreír cada día,
la certeza de que nunca dejaremos de aprender,
la certeza de que nunca pararemos de soñar,
la certeza de que los sueños se convierten en realidad,
(al menos en las vidas de las personas como nosotros.)
Es la paz del saber que ya no estás sola.
Es por ésa paz, por ése amor, por ésa certeza que tienes que ser tu propia tigresa.
Nena, mírate y rúgele al mundo, gruñe a los días malos, saca las uñas y sobre todo, manten ése pelaje y cuerpo de tigresa bien estirado y bonito, en algún lugar alguien anda necesitando un tigre como tú, así que no te rindas, no lo hagas, porque en alguna parte hay alguien que te necesita así, grande, fuerte y bella.

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