Hoy he estado pensando en éste concepto. La resaca del viajero. Me lo imagino como algo así:
"Resaca del viajero: padecimiento de pesar que sufre una persona al regresar a la rutina después de una huida de tiempo indeterminado."
Creía que tenía resaca del viajero. De hecho, suelo tenerla. Pero meditando sobre ello me he dado cuenta de que no, ya no tengo resaca del viajero, y es una sensación maravillosa.
Después de la mejor de las semanas en Italia, intensa pero agotadora, me siento bien habiendo vuelto. A ver, no voy a ser cínica, a nadie le gusta la idea de volver al instituto, por ejemplo, pero es hermoso sentirse en casa. Es bonito sentirse bien cuando se pisa suelo español, más allá de banderas y de nacionalismos de plástico. Es algo más que eso.
Se agradece tanto el sol sevillano, ése que no hay en ninguna otra parte del mundo, que te acaricia la piel y te da ése calorcito primaveral como diciéndote "bienvenida a casa mi amor".
Es bonito sonreír al ver a los padres, sin pensar como tantas otras veces "ya estamos otra vez".
Aunque creía que de Italia no querría volver allí he encontrado algo que llevaba mucho tiempo perdido. En Italia he encontrado mis razones, mis ganas, ahora los engranajes funcionan de nuevo y todo tira para adelante (otra vez). Hay tantas cosas por hacer, que parece mentira que podamos querer huir, huir ¿a dónde? si en cualquier sitio que pisemos habrá cosas por aprender, por absorber. Habrá personas de las que embeberse. Ay no, huir es demasiado complicado, y ¿para qué complicaciones?
Aunque siempre me ha asesinado llegar al aeropuerto español de turno, ésta vez, sea porque bajaba del avión al lado de mi mejor amiga, sea porque una temperatura y un sol bien agradable nos acogieron en medio de la pista, sea porque fui todo el viaje dormida, me sentí realmente feliz de poder decir "estoy en España".
Me da energía querer a mi país, consciente de sus agujeros negros, pero también de sus estrellas. Me da energía querer a mi hogar. Me da energía saber qué hacer, cómo, cuándo y dónde. Me da energía el futuro próximo y lo fácil que es conseguirlo.
Me siento feliz, con ganas de volver a la hermosa Venecia, pero para encontrarme con las letras que, por fin, me acompañan a todos lados.
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