lunes, 6 de junio de 2011

veintiuno.


"¿Tú escribes mejor cuando estás contenta o cuando estás triste?"
"Yo cuando estoy triste, ¿y tu?"
"Yo también."
"¿Sabes? Creo que es por egoísmo, y también un poco por que no nos gusta estar solos en los malos momentos."
"Pero cuando escribimos, suele ser para nosotras. Estamos solas, pues."
"Eso es porque somos unas cobardes."
"No te sigo."
"Nos cuesta aceptar que estamos mal, abiertamente digo. Por eso lo escribimos, para desahogarnos sin necesidad de mostrar el momento de debilidad."
"Pero nosotras nos leemos mutuamente las cosas, tu las cuelgas en el blog..."
"Entre nosotras es diferente, y el blog es para amigos, like you baby!"
"¿Y lo del egoísmo?"
"¡Ah! Eso lo decía por lo bueno. Creo que no lo escribimos porque nos gusta guardarlo para nosotros. O para la gente que nos importa, como tú a mi."
"Es una buena teoría."
"Sí, eso creo."
"Entonces, ¿estás triste ahora mismo?"
"¿Por?"
"Has escrito bien."
"Gracias. Pero esta vez no. En realidad estoy super feliz."
"Tu teoría se cae por su propio peso."

. . . . .


(Es como cuando tienes un papel en blanco delante, que lo mismo
te dibuja una sonrisa, por que se te ocurre algo para escribir,
una manera de llenarlo, o lo mismo te mira a la cara y se burla
"maté tu inspiración", y entonces se te ocurren tantas maneras
de destruirlo que el papel te acaba dando pena, y tú te acabas
dando miedo.)

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