martes, 14 de junio de 2011

trentaicinco.



Madre mía, que bien sienta tumbarse en el sillón por una tarde sabiendo que no tienes nada que hacer. Nada que estudiar. Nada que buscar. Nada que copiar. Nada que pensar.
Dejar que el olor dulce del nuevo ambientador y el calor que hace en general te rodeen y empezar a bostezar como nunca.
Durmamos.
Es lo que mejor se me da.

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