Extremo.
Como el sentir tu sonrisa pegada a mi espalda.
Como el imaginar los besos que hace tanto espero robarte.
Es el puto destino.
Lo sé.
Pero no dejo de esperar, no dejo de aguantar.
Aguantando la respiración, hasta morir ahogada.
Te veo poco, pero antes de pasar, ya me he vuelto a ir.
La próxima vez será.
¿Será?¿Qué será exactamente?
Volveremos a esperar.
A contar con los dedos de una mano las veces que hablamos.
A vernos, minutos contados.
Y, bueno, a esperar con sonrisas idiotas a que alguno de los dos le eche huevos.
Dime sólo una cosa.
¿Me equivoco?
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