
Hay tantos juanes a mi alrededor como plantas hay en el campo.
Bueno, igual tantos tantos no...
A veces se me olvida que vivimos en un país en el que la mitad de la población se llama María, Lucía, Pedro, Manuel, o Juan...
Viva la originalidad de los padres españoles.
Seguro que no hay ningún Sirius.
Bueno, mejor, así el mío será de los primeros.
Único como aquel de quien recibe el nombre.
Es casi tan malo enamorarse de un personaje ficticio como hacerlo de alguien que ha muerto de sobredosis hace ya una tira de años.
Ni la imaginación de una persona ajena (ni la propia), ni un cadáver sirven de príncipe azul.
(Sigue dándome igual desde el primer momento)
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