jueves, 9 de junio de 2011

treinta.






Recuerdo que era una bonita tarde de otoño cuando todo comenzó. Mi sueño de morir a tu lado, los dos consumidos por la vejez no iba a poder cumplirse nunca, aunque en ese momento yo no lo sabía. ¡Dios! Odiaba tanto que te tratasen así..., pero no podía hacer nada. Eran mis compañeros, mis amigos los que te torturaban cada día de instituto. Me sumergía siempre en tus ojos llenos de melancolía, me dolía verte sufrir, pero en el fondo confiaba en que lo aguantases, en que resistieses el tiempo necesario para poder huir juntos a un mundo mejor. Estaba comiéndome una ensalada de tomate la noche antes del desastre, mientras pensaba en ti. Tu cara, consumida por el dolor, blanca como la nieve mas pura..., tus ojos, reflejando el dolor de tu alma, inyectados en la sangre que tu corazón vertía cada día cuando cada uno de sus insultos afilados se clavaban en tu ser. Recordé que ese día no fue tan malo. Solo te tiraron una vez al suelo, y apenas te insultaron en comparación a los otros días. También recordé tus ojos suplicándome que te ayudara a recoger tus cosas, desparramadas por el suelo. Pero no lo hice. No pude hacerlo.
Ahora estoy aquí, en el pasillo, frente a ti. Unos metros nos separan. Unos metros de un pasillo bañado en sangre, en la sangre de todos aquellos que te hicieron sufrir. No puedo odiarte por lo que has hecho. En el fondo sé que esta era la única manera de hacer justicia. Te observo, vas vestido de negro, como siempre. Tu pelo negro y largo cubre tu cara. Como siempre. Se ve tu boca, neutra. No sonríes, pues sabes que aunque esto es lo que mas deseabas, nadie entenderá nunca el porqué de tu masacre. Tampoco muestras signos de tristeza, pues sabes que ahora por fin podrás dormir tranquilo, sin miedo a lo que pueda pasar el siguiente día. No veo tus ojos, pero creo que por fin se ha borrado toda la tristeza que existía en ellos. No sé, lo intuyo. Te miro otra vez a las manos, veo el fusil asesino en ellas. Podrías haberte vengado con más ingenio, sí, pero no con mas eficacia. Noto que algo o alguien pasa corriendo detrás mía.Tu te alteras y disparas. Has dado en el blanco. Caigo como una gardenia mustia al suelo. Como una hoja de un árbol en otoño. Lo último que alcanzo a ver es una lágrima que cae por tu mejilla. Quisiera decirte que lo siento, y que te quiero. Pero ya es demasiado tarde, ahora ya sólo quedas tú.

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