Cuando alguien te roba las horas incluso sin existir, obligándote a escribir esas partes de una vida que la mente creadora no escribió, no pensó.
Cuando ese alguien se mete en tu mente a través de tus pupilas, y te llama a escribirle una carta, aunque sepas que en el actor no encontrarás al personaje.
Cuando ese alguien te hace sonreír y reír más y mejor (o peor) que ningún ser humano vivo, o muerto. Nadie de carne y hueso.
Cuando la mente es más poderosa que la carne.
Entonces sólo hay dos soluciones, olvidarlo y vivir la realidad, o sumergirte cada vez más en esa locura que te mantiene viva matándote lentamente.
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