Cuando ya solo te quedan las últimas gotas de una angustiosa ilusión que en el fondo sabías que no era nada más que eso.¿Porqué nos aferramos tan fuerte a la esperanza, por muy chiquita que sea? Es lo último que se pierde..., y aún así ha sido tal el batacazo. El saber que, por muy pocas que hubiese, había, y ahora son 0% posibilidades de obtener eso que te ha hecho sonreír y soñar como llevabas, sin exagerar, años sin hacerlo.
Suena a niña caprichosa, "no puedo entender que no lo entiendas". Pues sí lo entiendo. ¡joder!, claro que lo entiendo, y por eso me duele. Si no lo entendiera seguiría teniendo esperanzas, pero, por si no te has percatado, ya no hay nada. Absolutamente nada.
Y no sé qué es lo que me hacía más ilusión antes, qué es lo que más me duele ahora. No sé si, hace unas horas, mi sonrisa valía más por el hecho de pensar que podría llegar hasta allí, aunque lo supiera difícil, o si lo que más me alegró fue que me lo propusiera ella. Que me lo propusieran ellos. Que pensaran en mí para algo tan grande, para algo tan jodidamente genial. Y no sé si ahora contengo más la rabia por el hecho de haberlo perdido o por el hecho de que no lo entiendas. De que no lo entienda nadie. Cuánta ilusión me hacía ir con ellos, por que les quiero mucho más de lo que pueda expresar en palabras, y ya es decir. Por que me encanta estar con ellos, y me da igual en su casa, en la mía, o en un bungalow enano a las afueras de Lisboa. Me da igual dónde, por que lo que me gusta es su presencia. La de los tres. Uno por que es cómo mi hermano, pues la palabra "primo" se me queda corta. Y los otros dos porque realmente los siento como a mis padres. Y el mero hecho de que pensasen en mí para algo tan grande..., es tanta la ilusión que me abordó que ahora no puedo sino caer de bruces al saber por fin que ese "no" que intuía es por fin corpóreo. En general me hace ilusión estar con ellos, ¡Dios!, si.., incluso le dije a mi mejor amigo que no me iba con él a Berlín en agosto por que era el cumpleaños de mi hermano, de mi amigo.
Cuán grande es mi sonrisa los días de verano que me acogen en su casa como a una más. Cuán enorme fue, en su día, y sigue siendo ahora, la ilusión de pensar que, de tener alguna posibilidad de estudiar en mi Madrid podría estar con ellos.
Cuánto adoro sus historias, sus anécdotas, que me hacen reír como a una niña y me hacen sentir en casa.
Cuán feliz me hacen los planes de cualquier viaje, por pequeño que sea, en los que me incluyen, como a una más.
Y ahora, que apenas los veo veces contadas con los dedos de una mano, consiguen, una vez más, consigue, por el frío aparato que es el teléfono, hinchar mi corazón, hacerme caminar recta, y sentirme orgullosa de mí misma. Por que con esa opción, que ya vaticinaba imposible, pero a la que me agarré con uñas y dientes, me hicieron sentir mejor que bien. Son tan fantásticos que cada vez que me dan una oportunidad me hacen sentir que creen en mí, que confían en mí. Que sirvo para algo. Y eso, es jodidamente grande.
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