Y podría ver esa película unas cien veces más. Me ha encantado, chiflado, enamorado, matado. Como "La Ola", fantástica. Aunque, una vez más me hace preguntarme qué haría yo en esa situación. Bien, no estamos en el 39, pero, ¿y si ocurriese ahora algo parecido? El mundo está hecho una pena, revueltas en Egipto, represión en medio planeta, Gadafi matando gente, guerras, terrorismo, hambre... Crisis, miseria... Maltrato al medio ambiente... Nadie está conforme...Todo el mundo se resigna, pero nadie está conforme...¿Y si estallase la 3º guerra mundial, o algo así?¿Entonces, qué? "Sois rojos, deberíais alegraros de que haya una revolución." Ya, pero..., no me gusta la guerra. ¿Verdugo o víctima?¿O quizá ambas cosas?...
Una parte de mí piensa que huiría, ¡dios!, me da pánico la lucha..., pero, por otra parte... si hay algo en lo que creo firmemente es en mis ideales, aunque estén quizá muy verdes aún.
Últimamente, de lo único que estoy segura es de eso, de aquello en lo que creo, aquello a lo que no pongo nombre por que se compone un poco de esto y un poco de aquello otro, pero, que es firme. Que se reafirma cada vez más con la nueva información que recibo, con lo que me enseñan los que ya tienen más que claro cómo denominar sus ideologías.
Sé, que, como en todo, cuando estás seguro de algo es tu deber defenderlo. Y así como estoy segura de ésta última frase, así la defiendo. Junto con mis ansias de libertad, de paz, de igualdad. Algunos dicen de mí que soy una pequeña rebelde con ideologías hipócritas e imposibles, a la hora de la verdad. Y yo digo, sí. Es imposible que la gente no muera de hambre, por que TODOS somos demasiado egoístas como para evitarlo. Demasiado cobardes. Y así como envidiamos a las familias que se relajan cada día en el jacuzzi o la sauna que tienen en su mansión, hay millones de personas que nos envidian por el mero hecho de poder comprar una barra de pan.
Dijo en su día un político,(ya no recuerdo cual, pues todos terminan siendo iguales), que un café valía 1 euro.
Escándalo descomunal el que hubo cuando la gente se percató de que aquellos que manejan sus vidas no saben cuanto cuesta un café.
Si soy sincera, ni siquiera yo lo sé ahora mismo, pues hace un tiempo que no tengo ni tiempo ni liquidez como para tomarme un café con algún amigo, vicio del cual gustosamente fardaba, y que ahora, se queda en un mero "quizá otro día".
Y eso, no es más, que una media hora, y una pequeña tasa monetaria, que de tratarse una vez por semana el caso, juntaría las fuerzas suficientes para sacar adelante a una familia en África.
Pero ese pequeño resquicio de tiempo y esa mínima tasa monetaria que para mí podrían suponer una válvula de escape de la rutina que me ahoga, y que para una familia en África pudiera suponer la salvación, para todos aquellos políticos, familias reales, empresarios de alto cargo..., y, resumiendo, ricos, equivaldría a aplastar un mosquito.
Porque el problema es ése. Que cuando hay una familia aspira a comer,y una persona aspira a media hora de descanso tomándose un café, hay un millonario que aspira a aplastar los deseos de los dos anteriores, haciendo que trabajen para él.
Los primeros (familia africana) sin tener mas remedio que regalar sus materias primas y sus esfuerzos de trabajo, pues viven en una horrible esclavitud que la sociedad adorna con un salario de risa que es imposible que enfrente los gastos que una familia tiene.
Al segundo, (la persona de clase media), criándole para que consuma, enseñando desde pequeño, a todo su alrededor, que la satisfacción no es una tarde en el parque con tus amigos, ni un mísero café, sino una nevera nueva, la mejor cafetera (la que anuncia George Clooney) y una botella de suntuosa Coca-Cola sin azúcar, con cafeína y sabe dios que conservantes en cada una de las comidas realizadas al día.
Así es cómo, (aunque mi ejemplo está poco claro, he de reconocerlo) el rico cada vez es más rico, y el pobre cada vez más pobre. Mientras que los que estamos en medio sodomizamos las señales que nos advierten de nuestra quiebra, acallando los malos augurios con el traje más caro de Armani para ir que ni pintaos a la comunión "der sobri".
Dejamos que "nuestros" (por llamarlo de alguna manera) políticos callen nuestras inseguridades y nuestro pánico al paro, a la miseria, con sendas fiestas. Y con palabras que no son más que mentiras pero que saboreamos por puro miedo. "El paro no crecerá más."
Y nos lo creemos pensando, "bueno, dentro de lo malo, a mí no me tocó." Nos dan lástima los negeritos de vientre hinchado de África y nos dan lástima los blanquitos que esperan en la cola del INEM. "Pobrecitos, con el calor que hace, y ahí están, aguantándolo." ¿Quienes? ¿Los de la cola o los del desierto?
Sabe sólo Dios, de exisitir, cosa que dudo, qué nos ampara el futuro.
Creo que es estúpido pensar en la resignación, por que si yo, que apenas comienzo ahora la vida estoy harta de tanta mentira y tanta injusticia, la gente mayor, los que están en paro, y no digamos ya los "negritos" como deben de tener de hinchadas los cojones (con perdón de la expresión), o las narices.
Creo, y quiero creer que todo cambiará, pero, a su vez, sé que no será fácil.
Y lo que más me preocupa ahora es... ¿Seré, en el momento de la verdad, lo bastante valiente como para defender todo esto que denuncio debiera cambiar? ¿Seré lo bastante fuerte como para luchar por cambiarlo? Y, de serlo...¿Seré capaz de luchar a cualquier costa?
Solo nos queda esperar..., y, sinceramente, nunca le tuve tanto miedo al tiempo... Tapa ese reloj, por favor.