
Quiero que cuando me abraces se me ponga el pelo de la nuca de gallina, así de eso que sientes que te toca cualquier cosa y te corta de placer, quiero que mis nervios chirrien de gusto al tener tu boca a centímetros y sabes que podré comer de ella, quiero que me mires y me hieles la sangre, petrificame un segundo más, justo el tiempo suficiente para que pare el reloj y meta en un frasco el color de tus ojos y el olor de tu ropa.
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