martes, 8 de mayo de 2012
noventaiocho.
Porque escribo, otra vez, en mis ratos no libres. Porque pienso, otra vez, demasiado, porque vuelvo a querer huir del mundo, de mi mundo, que, otra vez, me ahoga. Porque vuelvo a tener mil cosas en la cabeza, y, de nuevo, mis ojos se apagan al son de la música, que se acaba segundo tras segundo dejándome envuelta en un silencio aterrador que me hiela la sangre y me corta las venas, como la vida misma, como el mundo en sí, que, otra vez, me decepciona como sólo las personas habían hecho hasta ahora.
Cuando me refugio, otra vez, en mis libros benditos que me sacan de esta dimensión en la que tal "pérdida de tiempo" puede costarme un año entero, me olvido de que difícil es ser libre, qué difícil es "andarse" a la otra punta del mundo a esconderse entre iguales y olvidar lo diferente, que, es, al fin y al cabo, y otra vez, el enemigo.
Porque mi mundo es tan pequeño que las fronteras son cuerdas que me atan a una realidad maldita que apuñala mis ideas y las acalla, que consigue que a veces las olvide.
Aferrarme fuerte, otra vez, a mis ideas y a mis deseos para ganar a este mundo maldito que me agarra a su suelo asfaltado con dolor.
Y, por ahí, lo supe desde el principio, donde estabas tú, como llegar..., y, sin embargo, no llegaré a esa distancia que de ti me separa hasta que no llegue a mi misma, hasta que no comprenda que me pasa, y no aprenda a compartirlo, hasta que no crezca, otra vez, de golpe y de mala manera.
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