sábado, 21 de enero de 2012

noventaicinco.

Quizás ahora se me hace más fácil sonreír con naturalidad porque una vez más he vuelto a mi vida de pequeña burguesita, aunque sea solo por un par de días.
Un par de días de compras, ciudad, comida en restaurantes y café en el Starbucks. Porque en el fondo me encanta, me encanta comprar, me encanta poder tomar un frapuccino, aunque me cueste medio ojo de la cara, me encanta pasear por las calles de mi bella Madrid.
Mi manera de desconectar..., rodearme de gente. De desconocidos, de ajenos (a mi)...
Llevaba tantos días sin dormir bien que el levantarme tan tarde hoy ha sido gratificante, aunque las pesadillas fueran pesadas.

Y sin embargo..., sigo necesitando desaparecer.

Quisiera volar a latinoamérica, me callo el país, así es mas dificil que me encuentren.
Y vivir como pudiera, aprender y enseñar,..., eamorarme..., y vivir, vivir lejos de aquí, de esta, mi bella Madird, de esta mi bella Europa, que me encantan y me agotan al mismo tiempo, que me hacen amar la ropa y las compras y a la vez odiar las apariencias.
¿Será posible que vivir con tantos privilegios nos haga parecer bipolares?
Quiero tanto ser burguesa y permitirme estos lujos como volverme una persona mediocre, mezclada en un ambiente alegre, quizás mas pobre, pero vivo.

Tengo miedo de mi misma.
Tengo miedo de no saber elegir.

Y mientras tanto, la música sigue sonando...

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