Creer o no creer, a veces ésa es la cuestión.
Lo peor para una persona orgullosa, creer en alguien
equivocado.
Lo mejor para la misma, darse cuenta de que la fe huele a
mucho más que incienso rancio de iglesia románica.
Creer.
Creo en la Revolución, en todas sus formas.
En la Revolución en mi, en el campo, en la ciudad, en cada
obra de arte que admiro, cada canción que canto, cada ritmo que bailo, cada vez
que palpito…,creo que vivir es revolucionar, creo en no caer en la trampa de la
supervivencia.
Sobrevivir me suena a cemento.
Sobrevivir me suena a máquinas. Y las máquinas son muerte.
(Porque soy una comeflores)
Creo en la mano que te levanta cuando te caes,
creo, de hecho, más en ésa mano que en la que te empuja hacia el abismo.
Creo que las personas destructivas se intentan convencer a
sí mismas de que lo consiguen,
creo que olvidan que tenemos alas.
Creo que olvidan que somos las nietas de las brujas que no
pudieron quemar.
Creo en las muestras de cariño espontáneas que nos enseñan a
las escépticas como yo que el contacto físico puede ser agradable.
Creo en los abrazos que no doy.
Creo en el sol, pero siempre con la luna. (Por separado no
funcionan)
Creo en mis ciclos. Creo en mi cuerpo. Creo en mis ideas.
Creo en mi útero, así como en el de
todas las mujeres. Creo en mi libertad y en mi resistencia, así como en la de
todas las personas.
Creo en mi, y, sobretodo, en las personas a las que amo con
toda mi alma. (Aunque siempre un poco menos que a los perros).
No soy la mitad de nada, y éso no lo creo, de éso estoy segura.
